<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336</id><updated>2011-04-21T20:59:14.330+01:00</updated><title type='text'>Batallitas</title><subtitle type='html'>Mis experiencias como estudiante extranjero en la Universidad de Warwick&lt;br&gt;&lt;br&gt;

He aquí algunos ejemplos de las búsquedas que han conducido a mi blog:&lt;br&gt;&lt;br&gt;

Decadencia de la antigua roma de la cocina dios (¿comorrr?)&lt;br&gt;
Maquinas para moler cascotes (con los cuernos hombre...)&lt;br&gt;
Posters de la segunda guerra mundial (el unico tipo interesante)&lt;br&gt;
Granada pub ambiente lesbianas O.O&lt;br&gt;
John Travolta en sandalias (¡Fetichista!)&lt;br&gt;</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>22</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-116510110289342364</id><published>2006-12-02T23:04:00.000Z</published><updated>2006-12-02T23:11:42.903Z</updated><title type='text'>XVII.- Redecoraciones II</title><content type='html'>Pues esto era que Mark era un chico de esos que a todo el mundo le caen bien, de esos que todo se lo toman a bien y de esos a los que todas las chicas encuentran "divertido". "Es que me hace reír". Lo cual es mentira, porque eso de que las mujeres van por el carácter en vez de por la apariencia, es mentira. A mí que me digan, pero teniendo que elegir entre Chiquito de la Calzada o Eduardo Noriega...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que una noche Mark se fue de marcha con la mayoría de los co-moradores de la residencia, quedándonos en casa unos pocos, los más perversos. Plan de acción: vaciar la habitación de Mark y poner todas sus cosas al fondo del pasillo, pósters, libros, cama y mesita de noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según me comentaron al día siguiente, Mark llegó haciendo eses, trompicándose escaleras arriba hasta su dormitorio, que, naturalmente, encontró vacío. Poco a poco, su nublada visión (y mente), se fue centrando hasta reconocer todas sus posesiones reinstaladas al fondo del pasillo. Lo único que dijo fue: "Fuck me".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se desnudó, se puso el pijama y se fue a la cama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-116510110289342364?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/116510110289342364/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=116510110289342364&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116510110289342364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116510110289342364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2006/12/xvii-redecoraciones-ii.html' title='XVII.- Redecoraciones II'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-116213971924637122</id><published>2006-10-29T16:26:00.000Z</published><updated>2006-10-29T20:55:38.686Z</updated><title type='text'>XVI.- Redecoraciones (I)</title><content type='html'>Redecorar habitaciones en la universidad era práctica frecuente y extendida. Yo mismo la sufrí en mis carnes. Pero como la de este chico, pocas lo igualan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una noche como otra cualquiera, que decidió pasar en la habitación de su chica, tan sólo unos metros más allá de la suya propia, mientras sus compañeros de residencia conspiraban contra el, tramando e intrigando cual sería la mejor forma de confundirle hasta el infinito.&lt;br /&gt;Después de asegurarse de que la ventana de su cuarto estaba abierta, un miembro de la banda se coló por la ventana y la mudanza de mobiliario dio comienzo. Cuando el pobre chico volvió a su habitación a la mañana siguiente, harto de jugar al cuatro en línea (suponemos), se encontró con que su cuarto se había convertido en la cocina. Su confusión no fue sino aumentada por el hecho de encontrarse a dos de sus co-residentes untando sus tostadas en mantequilla y bebiendo té en la mesa, que ocupaba el lugar donde otrora se encontrara su escritorio. En la esquina de "su" cuarto ahora había dos neveras y un congelador, junto con la tostadora y la tetera. Ante esta visión, el pobre hombre se encaminó a la cocina, donde encontró su cuarto al completo exactamente tal y como se hayaba dispuesto el día anterior. Los conspiradores habian prestado especial atención hasta al más pequeño detalle: sus pósters estaban colgados en el mismo orden, el flexo, el ordenador y el equipo de música estaban correctamente dispuestos sobre el escritorio, que tambien había sido transportado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, su ropa estaba perfectamente doblada en la despensa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-116213971924637122?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/116213971924637122/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=116213971924637122&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116213971924637122'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116213971924637122'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2006/10/xvi-redecoraciones-i.html' title='XVI.- Redecoraciones (I)'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-116162184508569267</id><published>2006-10-23T17:37:00.000+01:00</published><updated>2006-10-23T18:38:41.310+01:00</updated><title type='text'>XV.- Sucedidos II. Yogur Líquido.</title><content type='html'>Los testigos del suceso que aconteció en el piso de arriba del autobús X14 y que paso a narrar probablemente siguen recibiendo tratamiento contra stress post-traumático ante la visión de uno de los más oscuros intentos para comprender la viscosa cinemática del yogur líquido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta audaz experiencia fue llevada a cabo por la sub-facultad de dinámica fluida compuesta por el equipo de rugby de la universidad. El equipo ensambló un aparato de la más alta tecnología compuesto por un bote grande de yogur líquido de frutas del bosque y dos miembros del equipo con sus culos peludos el uno contra el otro, quedando así una suerte de embudo entre ellos. Después de recibir fuerte anestesia, y aun bajo la impresión de estar disfrutando de "un buen cumpleaños", cierto sujeto fue arrastrado hasta quedar como receptáculo del yogur líquido de frutas del bosque bajo el embudo formado por los mencionados cachetes peludos de los dos miembros del equipo de rugby. Tras recibir el "adelante" del supervisor jefe de la operación, la botella de yogur líquido de frutas del bosque fue vertida en su totalidad a través del embudo más peludo jamás visto por persona humana. A pesar de algún derramamiento, la mayoría de la sustacina fue vertida con seguridad a través del embudo, dejando al chico del cumpleaños indulgiendo en una deliciosa mezcla de pelos del culo, sudor, pequeñas partículas de mierda y yogur de frutas del bosque. A pesar de las pérdidas inevitables en el proceso, el experimento fue todo un éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego dicen que el rugby no es un deporte homoerótico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-116162184508569267?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/116162184508569267/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=116162184508569267&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116162184508569267'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116162184508569267'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2006/10/xv-sucedidos-ii-yogur-lquido.html' title='XV.- Sucedidos II. Yogur Líquido.'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-116024929446565174</id><published>2006-10-07T20:12:00.000+01:00</published><updated>2006-10-07T20:28:14.686+01:00</updated><title type='text'>XIV.- Sucedidos I. Capullete.</title><content type='html'>Escalofríos me recorren el espinazo cada vez que recuerdo esta historieta. Antes de nada, he de introducir el concepto de “drinking games” o, en español, los juegos de beber. Bien, estos juegos no son más que juegos insulsos del tipo “un limón medio limón dos limones medio limón”, “marcianito uno llamando a marcianito dos” y demás prácticas similares. El objetivo de estos juegos, practicados por inoncentes infantes no es más que un desenfadado pasatiempo para aliviar esas insufribles horas de viaje en coche y evitar la eterna pregunta de “?Cuanto falta?”. Sin embargo, si aumentamos la edad media de los practicantes de tales juegos a 22, y añadimos alcohol como castigo para aquellos que se equivocan o pierden, la mezcla es explosiva, y, generalmente, etílica. Estos juegos son altamente populares en el Reino Unido, practicado por todo adolescente que se precie de serlo y todo joven que sin más quiera convertir su noche de juerga en noche de borrachera. En fin, estos juegos de vez en cuando acaban en lágrimas, especialmente si añadimos a la mezcla una botella de Sambuca, un mechero y un gilipollas. Sin más, os presento a Nobby (que en inglés se pronuncia igual que knobby, que puede traducirse por capullete o algo asi). Bien, presentado Capullete, (con ese nombre que se puede esperar), prosigamos con la historia. Siendo el vigesimotercer cumpleaños de Capullete, Capullete decidió que un par de rondas de Shithead (un juego de beber que podría traducirse como Cabezamierda) bajo las Reglas Internacionales de Beber serian una buena forma de celebrar su aniversario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tal modo, y bajo su miope visión del entretenimiento, Capullete decidió embarcarse en un poco de automutilación en la siguiente forma: después de impregnar los bordes de un baso de chupito con Sambuca, procedió a captar la atencion de su audiencia dándole fuego al vaso y apretándolo sobre uno de sus pezones. Como no podía ser menos, la física actuó, el fuego del borde del vaso consumió el oxígeno que quedaba atrapado dentro del vaso, provocando el vacío y finalmente succionando el pezón de Capullete dentro del vaso con una fuerza considerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su público quedó asombrado.&lt;br /&gt;Nunca habían visto nada parecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;Una cosa así no podía acabar bien. Sucedió lo inevitable.&lt;br /&gt;“¿Te apuesto lo que quieras a que no te haces eso en uno de los cojones?”&lt;br /&gt;Era "El Desafío". El guante había sido arrojado.&lt;br /&gt;A Capullete no le importaron las consecuencias de semejante gámbito, su única y retorcida concepción de “eso es una buena idea” le indicó que ésta era una de esas.&lt;br /&gt;Por supuesto, dado el tamaño desmedido de los huevazos de Capullete, hacía falta un vaso algo más grande que el de chupito. Finalmente, alguien trajo otro vaso y, cámaras en mano, un público expectante se arremolinaba alrededor de Capullete mientras éste llevaba a cabo el ritual del vaso y el Sambuca.&lt;br /&gt;Capullete se bajó los pantalones.&lt;br /&gt;La tensión se podía cortar con un cuchillo. La espera, agónica.&lt;br /&gt;Una vez más, las leyes de la Física actuaron: la gónada izquierda de Capullete fue succionada dentro del vaso con un “suuuuuuuuuuuuuup-plop” más que sospechoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Suuuuuuuuuuuuup-plop? ¿Plop?. Algo no podía haber ido bien.&lt;br /&gt;Testigos oculares y presenciales aseguran que Capullete gritó a pulmón abierto durante un minuto antes de caer desmayado. El humo acre de su pelo púbico churruscado se elevaba como el humo de una pistola.&lt;br /&gt;Un más que rápido trayecto a urgencias apretando el culo vio finalmente como los médicos de guardia hacían esfuerzos inhumanos por mantenerse serios mientras rompían el vaso que guardaba el testículo dislocado de un Capullete aun inconsciente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-116024929446565174?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/116024929446565174/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=116024929446565174&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116024929446565174'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/116024929446565174'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2006/10/xiv-sucedidos-i-capullete.html' title='XIV.- Sucedidos I. Capullete.'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-112646124960694590</id><published>2005-09-11T18:51:00.000+01:00</published><updated>2005-09-11T18:54:09.616+01:00</updated><title type='text'>XVIII.- El Sorteo</title><content type='html'>Entre fiestas, cerveza, más fiestas, más cerveza y más cerveza llegó el segundo trimestre. Como todos los estudiantes de primero, o “freshers” como peyorativamente se nos conocía, teníamos garantizada una habitación en una de las residencias del campus, pero en segundo teníamos que buscarnos un sitio donde vivir fuera del campus, y eso no era nada fácil. El primer problema es encontrar las personas adecuadas con las que vivir, porque una cosa es ser amigo de alguien y otra muy distinta vivir con ese alguien. Pongamos por caso, mis compañeros Pablo y Gregorio (pido perdón por haberme tomado la libertad de hispanizar sus nombres). Pablo y Gregorio, no es que fuesen malos chicos, es que eran unos guarros, y punto, no hay mayor discusión. A pesar de todo el aprecio que les tenía, no puedo decir que en todo el año hubiese visto a Gregorio ir a la lavandería a lavar su ropa, y ya he contado la historia de las chinches, así que, aunque al principio me lo planteé, rápidamente borré esa opción de mi lista y decidí ir a vivir con otros dos chicos del pasillo llamados Steve y Gino (imposible aquí hispanizar esos nombres).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este tipo de cuestiones siempre generaba situaciones algo incómodas debido a la existencia de los raros, porque inevitablemente, los raros siempre  te preguntaban si querías vivir con ellos, y uno se veía forzado a inventar excusas. ¿Quién quiere vivir con un tío raro?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-“Nah, es que ya me he comprometido con Steve y con Gino”&lt;br /&gt;                -“¿Y no tenéis espacio para uno más?”&lt;br /&gt;                -“Es que ya nos hemos apuntado al sorteo como un grupo de tres” (Mentira cochina)&lt;br /&gt;                -“¿Y con quién voy a vivir yo?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maldita sea, odio a la gente que se perdió el capítulo de Barrio Sésamo de Relaciones Sociales. Luego se da el caso de que quedaron un raro y una rara desplazados del grupo, pero curiosamente, no querían vivir juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                -“¿Vivir con Michael II?, ¿no es un poco raro?”&lt;br /&gt;                -“¿Yo vivir con Anna?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, sorprendentemente, eso de que Dios los cría y ellos se juntan, no tenía lugar en esta ocasión.&lt;br /&gt;El problema de los raros es que no se dan cuenta de que lo son, no se dan por aludidos, no va con ellos. Es triste, que haya unos tipos completamente faltos de la habilidad social para hacer amigos y comportarse con cierta dignidad en público, pero es cierto. Ojalá estos tipos no existieran, pero, honestamente, con la mano en el corazón, dada la elección, ¿viviría usted con un tío raro?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La universidad ofrecía en su departamento de hospitalidad una serie de casas para compartir, con el único inconveniente de que no había para todos, de modo que Warwick montaba un sorteo por el cual, se daba un orden de preferencia a la hora de escoger casa. Si la casa se rechazaba, uno se iba al último de la cola, de modo que generalmente uno siempre elegía la primera casa que veía. A estas alturas de la vida, las relaciones con las chicas del pasillo ya se habían enfriado bastante, así que, cuando nosotros caímos en el número diez de 300 o algo así para ver piso, y las chicas en el 297, no pudimos por menos que regodearnos en nuestra suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema de las chicas es que la mayoría estudiaban magisterio o sociología, y se habían adentrado demasiado en la senda del feminismo. Entre ellas, habían decidido no acostarse ni salir con ningún chico del pasillo para no estropear su amistad, lo cual a nosotros nos sentó fatal. ¿A quién le importa la amistad entre dos militantes feministas cuando se trata de echar un kiki? La peor de todas era una tal Kate. En el segundo año, mi amigo Rick consiguió acostarse con la socióloga esta, que tampoco es que fuese nada del otro mundo, la verdad sea dicha de paso. El caso es que después de que Kate satisficiera oralmente a Rick, le exigió que le devolviera el, digamos, favor. Por motivos que desconozco, Rick fue incapaz. A lo mejor es porque Kate era algo pelirroja, aunque no sé si los pelirrojos en el ático lo son también en el sótano. ¿Lo sabe alguien? ¿Hay por ahí algún pelirroj@ que nos saque de dudas? El caso es que Kate debio sentirse herida en su orgullo feminista, porque a las dos de la mañana, decidió mandar a Rick de vuelta a su casa, ni siquiera le ofreció el sofá del salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Moraleja: nunca le pidas sexo oral a una feminista.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-112646124960694590?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/112646124960694590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=112646124960694590&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112646124960694590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112646124960694590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/09/xviii-el-sorteo.html' title='XVIII.- El Sorteo'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-112611687522857590</id><published>2005-09-07T18:58:00.000+01:00</published><updated>2005-09-17T21:01:59.593+01:00</updated><title type='text'>XVII.- Rag Week</title><content type='html'>Cada mes de Febrero (este dato es crucial como se verá más adelante) se celebraba en Warwick la “Rag week”, que venía a ser algo así como la semana del carnaval aunque era un carnaval un poco sui generis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había carnaval por las calles del campus ni cabalgata ni fiestas ni nada por el estilo. Lo que sí que había era gente vestida de duendecillos, chicos y chicas disfrazados de elefantes, perros, osos y creo que también había alguna ardilla que otra. El cometido de todo este zoo tan particular, aún siendo el de entretener a la gente, era el de hacerlo a costa de un/una/unos/unas pobre/s infeliz/ces que sufrían las más bajas vejaciones a cargo de esta fauna tan simpática: las llamadas gnomeaciones. El proceso por el que alguien era gnomeado era el siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ol&gt;&lt;li&gt;Algún amigo(a) gracioso(a) o enemigo(a) rencoroso(a) (pero más generalmente el primero que el segundo) se presentaba en un lugar habilitado al respecto, daba tu nombre, hora y lugar en el que podías ser localizado (generalmente en clase, donde la vergüenza tenía lugar enfrente de todo el mundo) y pagaba una cantidad variable según el grado de ridículo en el que te quisiera ver.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Inmediatamente, la visión de las libras entrando en la caja registradora ponía en marcha una pandilla de duendes, elefantes, perros, osos y creo que hasta de alguna ardilla como si de una versión travesti de El Equipo A se tratase, armados con pistolas de agua, botes de espuma de afeitar y latas de baked beans. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;Una vez el equipo A se ponía en marcha, se dirigían hacia el lugar en el que tu, inocentemente y sin poder de imaginación para presentir lo que se te venía encima, te encontrabas. Generalmente en la clase de matemáticas del viernes a las doce, para más detalle. Entonces un duende con su pistola de agua entra en clase y da una lista de nombres. Tras la mención de cada nombre siempre se repetía la misma escena: un pobre hombre rodeado por un grupo de amigos (o eso decían que eran) que le apuntaban con el dedo y gritaban “aquí, aquí, aquí, que no se escape”, que parecería que hubiesen pagado por ello (generalmente, tal era el caso). Esos momentos siempre resultaban hilarantes y era imposible no echarse a reír mientras se sucedían. Hasta que de repente oyest tu nombre de boca del tontorrón aquel vestido de duende de Papá Noel. Súbitamente se me quitaron las ganas de reír. De hecho, se me quitaron todas la ganas de chistes y bromas. La reacción generalizada es que se te pone la cara muy blanca y muy seria y empiezas a mirar a tu alrededor intentando encontrar con la mirada a los culpables de tu cercana humillación pública. Lo cual no es nada difícil, pues el individuo que ha pagado es el que chilla más fuerte y señala con el dedo más acusador “aquí, aquí, aquí, que no se escape”. Entonces, interiormente, te acuerdas de su madre, pero comprendes que a lo mejor ella no tiene la culpa, así que resignadamente te encaminas hacia la salida, donde el consabido grupo de duendecillos y fetichistas zoofílicos te esperan cargados con sus pistolas de agua. Y no es que sean pistolas de agua normalitas, no, para añadir insulto a la herida, las pistolas eran de esas que funcionan con aire a presión y que llevan todo un cargamento de cinco litros de agua.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;A continuación, fuera del departamenteo, en una nublada mañana de Febrero Inglés, y la vista de lo que se me venía encima me quité el jersey y el abrigo. Así que con sólo la camisa, allí estaba yo, al aire, bajo un cielo gris, profiriendo gritos y jurando venganza en todos los idiomas que se me ocurrían mientras una chiquita (y aquí no me paré a pensar si guapa o fea), me envolvía en papel transparente de cocina, (es increíble lo resistente que puede resultar el papel transparente de cocina). Una vez momificado de aquella manera, la chiquita me vació un bote de espuma de afeitar barata en la cabeza mientras los gnomos y los animales me ponían de agua de arriba a bajo. Pero eso no era todo. Los indeseables disparaban con saña, disparaban a la boca mientras chillaba y disparaban a las partes nobles, aunque uno ya no siente nada noble en ese preciso momento. Pero la cosa no acaba ahí. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;Mientras dura el proceso, cuando ya me estaban castañeteando los dientes y los testículos me repicaban porque se habían congelado del frío, todo el mundo que pasa me miraba y se reía de mi, que no conmigo, como no podía ser de otra manera. Yo no hacía más que insultar al cobarde que me había puesto en tal situación el último día de rag week, de modo que no tenía tiempo de vengarme, lo cual le provocaba aún más risa todavía. Encima, me tenía que sentir bien porque todo el dinero recaudado era para caridad. &lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;p&gt;La verdad es que no, no me sentía nada bien. Recapitulemos, estaba mojado, en camisa en el mes de Febrero con un frío en el que hasta los osos grizzly llevarían abrigo y, para más INRI, estaba cubierto de espuma de afeitar y envuelto en papel transparente. Tenía frío, estaba mojado y humillado, así que no me sentía nada bien, por muchos niños pobres con cáncer que fuesen a sobrevivir a mi costa. Pero la venganza es un plato que se sirve frío. Tan frío como el día en que fui hecho presa de una panda de gnomos de curiosas tendencias onanistas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;En el fondo, supongo que todo el mundo es bueno, que a fin de cuentas la gente tiene compasión de los pobres extranjeros que como yo, presentaban un aspecto más que lamentable. Tiritando, con la camisa pegada al cuerpo, me di un paseo de vuelta a la residencia para ducharme y cambiarme. Nada más entrar por la puerta de Hampton me recibieron las limpiadoras, que curiosamente se estaban fumando un cigarrito en el salón. “Dios mío”, exclamó Bernie al verme entrar, “¿Pero quién te ha hecho eso?”. “Na, alguien que ha pagado. Es por caridad Bernie”. Aún podía oír las risas de las limpiadoras mientras subía las escaleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que tan sólo me hizo falta un poco de ánimo para sobrellevar el hecho de que iba a tardar un año entero en poner las cosas en su sitio. La venganza es un sentimiento ruin, bajo y vil. Pero tiene un sabor muy dulce. De modo que me pasé todo el año siguiente pergeñando el plan maquiavélico que me elevaría hasta el éxtasis en el placer y disfrute de las desgracias del prójimo. Así que al año siguiente, el primer día de rag week, allí estaba yo el primero de la cola para poner mi dinero a trabajar por una buena causa: ¿Niños con cáncer?. ¿Abuelitas con Alzheimer? Tampoco. Algo mucho mejor, mi única y magnífica satisfacción personal. Pero el villano huyó, cuando escuchó su nombre ser pronunciado el cobarde corrió como alma que lleva el diablo y huyó. Miserable. No quedarían así las cosas. Todavía me quedaban cuatro días para limpiar mi honor. La mancha sobre mi reputación no quedaría impune. Tenía contactos en la organización de rag week y, por una vez, la burocracia estaba de mi lado. El nepotismo es un concepto mundialmente aceptado aunque sea de forma soslayada, afortunados los que lo disfrutan y miseria para los que sufren sus consecuencias. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así, el último día de rag week, exactamente trescientos sesenta y cinco días después, la afrenta contra mi honor quedó limpia al revés que la cara de mi enemigo. Por una de esas cosas que se le pasan a uno por la cabeza, en un rapto de inspiración, decidí no ir a clase el viernes. Estudiante precavido vale por dos, ya lo dice la sabiduría popular y, una vez más, la sabiduría popular no se equivocaba; al parecer el truhán había vuelto a ponerle precio a mi cabeza, pero esta vez yo no estaba allí para sufrir una segunda ignominia. Su esperanza de verme humillado una segunda vez en el último día y sin posibilidad de reacción se escapaba como se le había escapado el dinero del bolsillo. Sin embargo, él sí que no se escapó esta vez. Y atado en grupo con el mismo papel transparente que a mi me impidiera moverme un año atrás, gritaba: “¿José Salinas? ¿Alguien a visto a José Salinas?”. Más le hubiese valido tener la boca cerrada. Hablar era peor, el chorro de agua le impactaba de lleno en la boca. Escondido detrás de un arbusto mi deleite no podía ser mayor. Pero estaba equivocado, sí que podía ser mayor. Mis estimados duendecillos se habían quedado sin espuma de afeitar... pero la habían reemplazado con una lata de las tradicionales baked beans . Era gracioso ver como le resbalaban por la cara mientras chillaba mi nombre. La venganza se había consumado. Debo ser una persona ruin y vil, porque disfruté de lo lindo con el espectáculo. Pero no, ¡malo!, ¡malo! ¡Esas cosas no se hacen!. Disfrutar con las desgracias ajenas no está bien…&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3280/805/1600/rag_week2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3280/805/320/rag_week2.jpg" border="0" alt="Los Animalitos" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-112611687522857590?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/112611687522857590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=112611687522857590&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112611687522857590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112611687522857590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/09/xvii-rag-week.html' title='XVII.- Rag Week'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-112474132965216201</id><published>2005-08-22T21:03:00.000+01:00</published><updated>2005-08-22T21:08:49.663+01:00</updated><title type='text'>XVI.- El Regreso</title><content type='html'>Las vueltas siempre eran interesantes. Por algún motivo u otro siempre llegaba por la noche, unas noches más tarde, otras aún más. La primera etapa del viaje consistía en coger un avión desde Madrid o Málaga a Londres, y en Londres hay cinco aeropuertos, cada uno con sus peculiaridades, a saber: Heathrow, Gatwick, Stanstead, Luton y London City. Heathrow y Gatwick son los aeropuertos a los que alguna vez a volado todo el mundo, y hoy en día casi todo el mundo a oído hablar de Luton y Stanstead gracias a las compañías de vuelos baratos., pero en 1998 las cosas no estaban tan claras. Las posibilidades de volar a cada aeropuerto vienen dadas por la capacidad económica de cada uno. London City Airport está situado al Este de Londres y generalmente está reservado para vuelos chárter, jets privados de ricachones y gente de negocios. En resumen, que nunca he estado ni cerca de ese aeropuerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Heathrow es el aeropuerto principal de Londres, situado a las afueras y al que se puede llegar en metro vía Picadilly Line o en tren desde Paddington. Heathrow no está mal, tiene un restaurante que sirve desayunos veinticuatro horas al día, dándonos a entender el carácter internacional de este aeropuerto. Sin embargo, mi atracción favorita en Heathrow es la cinta transportadora en la zona de recogida de equipaje. No hay nada más normal en un aeropuerto que una cita transportadora de equipaje, inmediatamente, cuando a uno le hablan de aeropuertos, en seguida asocia en su mente varias cosas, pero infaltablemente, una de ellas es la cinta transportadora. Pues bien, en Heathrow han conseguido darle a este ingenioso invento (como diría mi abuela, “es que los ingleses para estas cosas de tecnología lo hacen todo muy bien”) un giro siniestro que a mí me hacía mucha gracia al principio. Resulta que en Heathrow, la recogida de equipaje no está al nivel de la pista de aterrizaje, así que las maletas, en vez de ser depositadas directamente en la cinta, ascienden por una rampa, para luego dejarse deslizar hasta la cinta transportadora propiamente dicha. Llegado este punto, tengo que pedir perdón por hacer uso de un pésimo eufemismo, las maletas en realidad no se deslizaban hasta la cinta portaequipaje. En realidad, las maletas se arrojaban, tiraban, lanzaban, estrellaban, estampaban o empotraban contra al cinta transportadora. Como he dicho, a mi esto me hacía mucha gracia cuando veía pasar rodando delante de mi las bolsas de viaje que no eran de mi pertenencia. Esto es, hasta que un día vi pasar delante de mi una maleta que sí que era de mi pertenencia dar tumbos por la rampa maldita. Al instante me vino a la cabeza cierta botella de anís Machaquito que había comprado con intención de recordar mi país natal en ciertas veladas etílicas que, como pude comprobar al levantar la maleta, ya no tendrían lugar. Así que hallá me fui yo, chorreando Machaquito desde Londres hasta Coventry soportando las miradas de la gente, en las que se podía leer perfectamente: “Mira al gilipollas ese que no sabe que las botellas no se pueden llevar en la maleta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gatwick es el segundo aeropuerto de Londres, y a este se puede llegar en coche o cogiendo el Gatwick Express, un tren que recorre el trayecto entre el aeropuerto y la estación de Victoria en alrededor de media hora. Gatwick no está mal, pero no goza del encanto de Heathrow, y, ni mucho menos, ha implementando las modernas tecnologías concernientes a cintas transportadoras de equipaje que exhibe Heathrow. En realidad, Gatwick es un aeropuerto corriente y moliente, y siempre que he volado hasta allí nunca me ha pasado nada digno de mención, lo cual es un alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stanstead no está realmente en Londres, sino más bien a mitad de camino entre Londres y Cambridge. Para llegar a Stanstead se puede llegar en tren desde Euston Station o en autobús desde Victoria, lo cual en sí es un acto de valentía. Veamos, Victoria está al sur de Londres en la orilla norte del Támesis, y Stanstead está al norte, lo cual supone cruzar Londres de Norte a Sur. Hay ciertas horas en las que eso no es mucho problema, pero hay otras en las que se tarda dos horas, conviertiendo un viaje de hora y tres cuartos en uno de cuatro. Stanstead parece un aeropuerto moderno, aunque siempre da la sensación de estar medio vacío. Desgraciadamente, los viajeros que aterricen en este aeropuerto se perderán los últimos adelantos en cintas transportadoras, pero sí podrán disfrutar de puertas de embarque alternativas. En Stanstead, las puertas de embarque son dobles. Veamos. En un aeropuerto normal (Heathrow, por ejemplo) cuando uno cruza la puerta de embarque espera un túnel que lo lleve hasta el avión o un autobús que generalmente tarda media hora en recorrer los cien metros que separan la puerta de embarque del avión, o, en general, algo sobre estas líneas. Pero no, en Stanstead, uno cruza la puerta de embarque, se mete en un tren que lo suelta en otra terminal, y allí, de nuevo, uno busca su puerta de embarque que finalmente le conduce al túnel que le lleva hasta el avión o al autobús que tarda media hora en recorrer los cien metros que separan la puerta de embarque del avión. A menos, claro, que uno vuele en una compañía de vuelos baratos, en cuyo caso andará los cien metros que separan el avión de la puerta de embarque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, pero no por ellos menos, tenemos el aeropuerto de Londres Luton. Mi favorito. Como su mismo nombre indica, este aeropuerto no está en Londres, sino en Luton. A este aeropuerto se pude llegar en tren, pero ni idea de cómo, o por autobús, que se puede coger en Victoria. Al igual que Stanstead, Luton está al norte de Londres, así que valgan las advertencias respecto al viaje en atoubús. Los autobuses a Luton son gestionados por una empresa llamada Green Line, cuyo horario de salidas y llegadas&lt;br /&gt;oficial presenta un parecido con la realidad que es mera coincidencia. Por norma general, el autobús tarda media hora en salir de Londres, media hora que puede prolongarse hasta dos horas cuanto más nos acerquemos a la hora punta. El recorrido una vez fuera de Londres hasta el mismo aeropuerto es puramente aleatorio. Con un poco de suerte, unas veces el autobús tomaba el camino de la autovía y ya me podía dar yo con un canto en los dientes. Otros días, el camino elegido era otro, más atractivo para la vista quizá, pero en dirección opuesta a la que lleva al aeropuerto y que discurre por parajes bastante bucólicos entre arroyos y praderas verdes. El tiempo que se tarde en llegar al aeropuerto depende ya de la voluntad del conductor en volver a la autovía o la de pasearse por carreteras estrechas de un solo carril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mejores emociones se tienen en Stanstead. Para llegar de Stanstead a Coventry había que coger un tren a Liverpool Street, en Liverpool Street coger el metro a Euston Station y ya, por fin en Euston Station, después de subir y bajar por las escaleras mecánicas del metro que convenientemente han dejado de funcionar arrastrando dos maletas, una mochila y una bolsa de viaje, después de sortear mendigos y gente de aspecto poco fiable, se puede uno montar en un tren que lo lleva a Coventry.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;***&lt;/p&gt;Bien, ya he aterrizado, estoy en Heathrow y mi maleta va goteando anís Machaquito, dejando un rastro como Pulgarcito. Desde Heathrow hay autobuses directos a Coventry, lo cual no deja mucho lugar para emociones fuertes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;***&lt;/p&gt;Desde Luton había autobuses a Coventry también, pero al parecer el diseñador del horario le debía de tener manía a mi compañía de vuelos de bajo coste favorita, pues siempre me tenía que esperar entre dos y tres horas hasta que llegaba el autobús. Así que allí estaba yo, a las doce de una noche lluviosa de Enero, al resguardo del tiempo inclemente, hablando de todo y nada con un chaval griego que también iba hacia Warwick. Progresivamente, la cola para el autobús se fue haciendo más larga, hasta que llegó el autobús. Llegó el autobús cargado de gente, quiero decir. A lo cual se gira el chico griego y me dice: “Oye, yo no tengo billete, ¿habrá algún problema?”, a lo cual yo le respondí: “Pues hombre, tu tranquilo que no pasa nada”. La verdad es que mira que soy cruel, porque, la verdad sea dicha, admito que soy un cobarde y que en ese preciso instante veía que a pesar de mi billete abierto, no me montaba en el autobús. Mientras se abría la puerta del autobús miré a mi alrededor y vi que no vi nada. Por aquel entonces, Luton era un aeropuerto en el que la cola del Kentucky Fried Chicken era más grande que la de la facturación de equipaje de los cuatro mostradores juntos, así que el prospecto de pasar la noche en la terminal no me hacía mucha ilusión. “¿De verdad crees que no va a haber problema?” me preguntó otra vez el amigo este que me había salido de repente. “No hombre no, que todo va a ir bien”, decía yo mientras me apartaba de él como si fuera un apestado, temeroso de contagiarme de esa terrible enfermedad llamada no tener billete cuando el último autobús del día viene completo. “Amigo, estás jodido” pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápidamente, empecé disimuladamente a empujar hasta acercarme al conductor con mi billete abierto en la mano, cual rata huyendo de un barco en un naufragio. Y tan rápidamente como empujaba, reculé cuando apareció el conductor, calvo, con pendiente y los brazos cubiertos de tatuajes gritando algo que no entendía por más que me esforzaba. En estos momentos de tensión, con un oso de ciento veinte kilos cubierto de tatuajes gritándome delante, y gente enfadada gritando detrás seguros de que se iban a quedar abandonados, hice lo único que sé hacer en estos momentos de incertidumbre: poner cara de gilipollas. Para entonces, como Pedro antes del canto del gallo, yo ya había negado por completo mi asociación con el chico griego sin billete. El conductor empezó a hablarme, señalando el billete y poniendo más cara de oso a punto de atacar. Después de desparecer brevemente dentro del autobús para comprobar si quedaba algún asiento libre, bajó, rompió mi billete y, haciéndome una señal con la mano, me instó a entrar en el autobús, cosa que hice sin pensármelo dos veces sin mirar atrás a comprobar que le pasaba al chico griego. Para entonces, los quejidos y los llantos de los que se iban a quedar atrás empezaron a subir de tono, pero el rugido del oso fue mayor y al cabo de un par de minutos, se subieron al autobús un chica y el griego, que al verme sentado me hizo un gesto de triunfo con la mano: “ª!Lo conseguí, me he subido!”. “Te lo dije”, le respondí mientras me daba la vuelta y me disponía a dormir el resto del trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;***&lt;/p&gt;Así que me senté a leer mi recién adquirida novela de Stephen King mientras pensaba en el reguero de Machaquito que se estaría formando en el maletero del autobús. Sin mirar, una vez en la estación de autobuses de Coventry, cogí mi maleta/regadera y me monté rápidamente en un taxi, cuanto antes llegar y acabar con la vergüenza, mejor. “¿No hueles como a algo raro?” me preguntó el avezado taxista. “Pues no sé, yo es que estoy un poco resfriado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigo, que forma de cascar una botella, no es que se hubiese rajado, se había roto en miles de pedazos. Un hedor etílico inundó mi habitación mientras mis compañeros de residencia me miraban con esas caras en las que se podía leer perfectamente: : “Mira al gilipollas ese que no sabe que las botellas no se pueden llevar en la maleta”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-112474132965216201?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/112474132965216201/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=112474132965216201&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112474132965216201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112474132965216201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/08/xvi-el-regreso.html' title='XVI.- El Regreso'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-112465638767170933</id><published>2005-08-21T21:14:00.000+01:00</published><updated>2005-08-21T21:35:02.986+01:00</updated><title type='text'>XV.- Coventry (II)</title><content type='html'>&lt;p&gt;Desde entonces, Coventry ni siquiera es al sombra de lo fue una vez, y hoy día constituye una de las zonas deprimidas de Inglaterra. El nivel de depravación social e inseguridad alcanzado es superior a la media nacional. Como ejemplo, veamos lo que ocurrió en Enero de 2002:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;1 Enero 2002: Un Kentucky Fried Chicken es atracado en Coventry. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;1 Enero 2002: La policía comienza la búsqueda de un joven de 13 años desaparecido desde el 23 de Diciembre. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;1 Enero 2002: Señor de 79 años muere tras ser robado en su casa/caravana en Coventry. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;2 Enero 2002: Productos por valor de varios miles de libres son robados tras un atraco a&lt;br /&gt;un supermercado.&lt;/li&gt;&lt;li&gt;4 Enero 2002: Señor es atacado a punta de navaja en un paso subterráneo. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;9 Enero 2002: Doce hinchas del Coventry se confiesan culpables de causar desordenes&lt;br /&gt;tras un partido. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;15 Enero 2002: Mujer embarazada de cuatro meses es violada debajo de la&lt;br /&gt;circunvalación. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;24 Enero 2002: Un taxista es asesinado. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;28 Enero 2002: Joven de 28 años pierde varios cientos de libras tras ser atacado a punta&lt;br /&gt;de navaja. &lt;/li&gt;&lt;li&gt;29 Enero 2002: Un joven de 24 años es atacado en Coventry.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p&gt;Veamos, teniendo en cuenta que los atracos pasan en todas partes y no cuentan estamos hablando de que en el plazo de un mes tuvieron lugar dos atracos a mano armada en dos establecimientos, una violación, un asesinato, y un asesinato con allanamiento de morada. Y eso, en una ciudad de 300000 habitantes quizá resulte algo por encime del nivel de crime socialmente aceptable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es de extrañar que, después de todo esto, la población de Coventry no le tenga excesivo aprecio a la población estudiantil de Warwick. En un país donde las clases sociales están muy marcadas y donde aún se sigue hablando de la lucha de clases y el salto social, hay zonas de Coventry en las que, simplemente, es mejor no aparecer. Quizá esto parezca exagerado, pero es la realidad. Una noche, unos compañeros españoles fueron a un bar y, a mitad de su primera pinta, se les acercaron un grupo de jóvenes que, después de cuatro palabras y sin dar ocasión a responder, se abalanzaron sobre ellos y los echaron del bar a patadas. Cuando fueron a la comisaría a denunciar, la respuesta de la policía les dejó petrificados: “Es que vosotros no tendríais que haber ido allí”. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Durante los cuatro años que me paseé por Coventry, contemplé muchos sucesos que si me los hubieran contado no me los hubiera creído.&lt;br /&gt;Cierto día presencié una pelea entre tres chavales de menos de 16 años y un taxista. Esta imagen no me hubiese resultado chocante en absoluto un viernes o sábado por la noche, pero a las tres de la tarde, en pleno centro sí que no me lo podía creer. A una distancia más que prudente, me entretuve en ver como la situación empezó a liarse y subir de tono hasta que el taxista se fue al maletero del coche y sacó un cuchillo carnicero más grande que el de Norman Bates en Psicosis. Finalmente llegó la policía y todo se calmó, gracias a eso y a los otros cuatro taxistas que estaban sujetando al primo de Norman Bates. Y digo yo: ¿Por qué llevaba el primo de Norman Bates ese cuchillo en el taxi?. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí que he de admitir es que la población de Coventry le tiene un respeto total a la autoridad civil. En mi Granada natal he visto como la policía se daba media vuelta ante una pelea, y eso que en Inglaterra la policía no lleva pistola. Solo llevan la porra, así que en cualquier situación de duda la orden de sus superiores es clara: "Golpeen primero". Me imagino la situación en plan Canción Triste de Hill Street: Mañana, 6:15 a.m. "Señores, recuerden que van desarmados, si se encuentran con un borracho, sospechoso o atacante, no lo duden, golpeen primero". Y vive Dios que cumplen esa orden a rajatabla. En varias ocasiones he presenciado lo rápido que la policía atajaba la típica pelea de bar. Y todo de manera muy simple y sin alterarse: llegaba la policía, le arreaba tres palos en el lomo a cada uno de los combatientes, por si las moscas, a otros dos o tres tipos de manera más bien aleatoria, los metían en el coche o furgón de otro palo por si se les habían olvidado los primeros, y para comisaría. Además, da igual que el policía sea hombre o mujer, igual uno y otra arreaban unos palos en el lomo que doblaban al pobre desgraciado que se las tenía que ver con ellos. Otro día, la pelea se inició entre dos mujeres. La cosa derivó y en menos de diez minutos conté hasta veintidós coches de policía más una furgoneta. La policía en Coventry no se anda con rodeos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otro día presencié in situ como un pobre chavalillo que se había echado unas copas de más se puso gallito con la policía. A mi es que se me partía el alma de ver las dos leches que le arrearon en el lomo y la forma en que lo metieron en el coche patrulla.&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, he de decir que yo nunca tuve ningún problema ni encontronazo en Coventry. Sólo había que tener muy claro a dónde se podía ir y a dónde no; a partir de qué hora no se te podía ocurrir andar sólo y cuál era el camino más rápido y seguro entre la parada de autobús y el lugar de destino.&lt;br /&gt;He de admitir que en todo su horror arquitectónico e inseguridad, en las tardes de invierno, cuando a las tres y media ya era de noche, me encantaba pasear sólo por el centro peatonal de Coventry, imbuido en mi abrigo, mi bufanda y mis guantes, disfrutando al ver que las grandes superficies y las franquicias aún no habían arrasado del todo con los pequeños comercios familiares. Por algún extraño motivo, me sentía feliz mientras mordisqueaba los trozos de guirlache que le había comprado a un señor al que no le entendía ni palabra en un puesto ambulante, mientras veía como poco a poco las tiendas iban cerrando y el centro se quedaba desierto. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, no todo en Coventry es hormigón gris e inseguridad. Coventry es lugar de nacimiento de Lady Godiva, aquella que tuvo que pasearse en pelotas a lomos de un caballo para liberar al pueblo de los opresivos impuestos a que eran sometidos por su marido Leofric (en aquellos tiempos sí que sabían protestar como Dios manda). Aunque me imagino que ir en pelotas a lomos de un caballo puede resultar un poco incómodo. Según cuenta la leyenda, o la placa que hay en el piso superior del centro comercial de la Plaza Godiva de Coventry, en el siglo XII Lady Godiva tomó esta decisión a pesar de la insistente negativa a bajar los impuestos de Leofric. Ya me imagino, la conversación sería algo como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Godiva: "Leofric cariño, ¿no crees que el pueblo vive un poco oprimido bajo tus asfixiantes impuestos?"&lt;br /&gt;Leofric: "¿Que te hace pensar eso querida?"&lt;br /&gt;Godiva: "Quizás sea el hecho que no tienen dinero ni para pan. ¿No considerarías bajarlos?"&lt;br /&gt;Leofric: "No"&lt;br /&gt;Godiva: "¿Por qué?"&lt;br /&gt;Leofric (molesto): "Porque no"&lt;br /&gt;Godiva: "Porfa"&lt;br /&gt;Leofric (irritado): "No"&lt;br /&gt;Godiva: "Porfa"&lt;br /&gt;Leofric (cabreado): "No"&lt;br /&gt;Godiva (en un rapto de inspiración): "Pues si no los bajas me pasearé en pelotas a lomos de un caballo por el pueblo"&lt;br /&gt;Leofric: "Acuérdate de lavarte el chirri cuando termines"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, efectivamente, Godiva se paseó desnuda a lomos de un jamelgo maloliente. Al parecer, y esto es lo que no me creo, nadie vio a Lady Godiva pasearse a lomos del caballo, ya por respeto o por pudor. ¿En serio que ningún salido le echó una miradilla a la tal Godiva? Al parecer no, hasta que en el siglo XVIII salió a la luz la historia de un sastre llamado Tom, que sí le echó un vistazo a la tal Godiva, quedándose ciego en el intento. Según la placa, la historia de Lady Godiva "es tan cierta como falsa la de Tom". &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, otra de las cosas que más me llamó la atención de Coventry fue el escudo de armas de la ciudad, su emblema insignia y estandarte, representación de lo más profundo y arraigado de la ciudad y que encapsula ese espíritu inherente que poseen todas las ciudades. El escudo de Coventry está centrado en torno a la figura de uno de los animales más característicos de la zona de los midlands de Gran Bretaña, alegoría del carácter de sus gentes y metáfora su espíritu y tradiciones. El escudo de Coventry está gira alrededor de: un elefante. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mirándolo desde cierta perspectiva, esto es como si el escudo de Madrid, en vez de un oso y un madroño tuviese un koala trepando por un eucalipto o como si el escudo de Granada, en vez de tal fruta exhibiese un kiwi o un lichi en el centro. En realidad, y para que no se diga que no me tomo interés por estas cosas, el verdadero motivo por el que el escudo de Coventry está centrado en torno a un elefante se remonta a los bestiarios de la época medieval. El elefante era considerado un animal fuerte y resistente (estos monjes medievales es que la echaban una imaginación), capaz de soportar sobre sus espaldas el ahora desaparecido castillo. Algunos sostienen que también podría mantener cierta relación con la expulsión de Adán y Eva del paraíso y la salvación de la humanidad a través de Cristo (llegado este punto concluyo que los monjes medievales ya fumanban hachís). Por otro lado, el elefante era el enemigo natural del dragón en tiempos medievales (como todo el mundo sabe). La defensa de sus cachorros por parte del elefante cuando se encontraba bajo amenaza de los dragones era ampliamente admirada en época medieval. Así que lo tenemos todo, fuerza, la salvación, la fuerza para vencer dragones, ¿quién quiere un koala y un eucalipto cuando puede tener un elefante mata dragones?. Hay quien sostiene que en realidad, el elefante sostiene sobre el lomo las antiguas murallas de la ciudad (lo cual es falso pues el escudo del elefante y el castillo son anteriores a la construcción de las murallas, por tanto, la historia del elefante mata dragones tiene más visos de ser real, increíble pero cierto).&lt;br /&gt;Encima del escudo hay un gato en posición de alerta, lo cual simboliza precisamente el estado de vigilia de la ciudad. Este emblema del gato era portado también por El Príncipe Negro, nieto de la reina Isabel. Esta relación entre el gato avizor y El Príncipe Negro se ve reforzada por el hecho de que el lema en latín bajo el elefante lee “Camera Principis”, es decir, la cámara del príncipe.&lt;br /&gt;Hasta 1959, el escudo de armas de Coventry estaba formado simplemente por el gato, el elefante y el lema en latín. Como ya dije antes, el impacto de los bombardeos de 1942 fue de tal extremo que se decidió actualizar el escudo de armas de la ciudad. El gato avizor ahora se presentaba encima de un casco con un fénix a la derecha del escudo y un águila a la izquierda. El fénix representa el resurgir de Coventry, literalmente, de sus cenizas, mientras que el águila representa a Leofric. Aunque simplemente fuese por el escudo, me sentiría orgulloso de haber nacido en Coventry, de su triste historias y de sus esfuerzos por recuperar su antigua gloria. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y para que nadie diga, aquí va el escudo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3280/805/1600/coat_of_arms1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3280/805/320/coat_of_arms1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-112465638767170933?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/112465638767170933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=112465638767170933&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112465638767170933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112465638767170933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/08/xv-coventry-ii.html' title='XV.- Coventry (II)'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-112041601417867834</id><published>2005-07-03T19:30:00.000+01:00</published><updated>2005-07-03T19:40:14.186+01:00</updated><title type='text'>XIV.- Coventry (I)</title><content type='html'>&lt;em&gt;En este capítulo me permito una leve desviación de la temática general de este blog para contar unos hechos que desde que tuve conocimiento de ellos he sido incapaz de aparcar en algún recóndito lugar de mi memoria.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el primer trimestre no salí del campus para nada. No se me ocurrió ningún motivo por el que debiera salir de mi existencia paralela con la realidad. Pero a un cuarto de hora en autobús se encontraba Coventry, una ciudad que hacía sonar campanillas en mi memoria. Algo había leído acerca de Coventry que picó mi curiosidad y me decidió a investigar qué se encontraba fuera de la burbuja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia de Coventry es una historia triste, consecuencia directa de su propio éxito como uno de los mayores focos industriales de Inglaterra. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Coventry era una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa, hoy no es más que un cúmulo de despropósitos arquitectónicos sin solución, fruto de una reconstrucción a marchas forzadas tras los bombardeos de 1940 a 1942. &lt;br /&gt;Para entender lo sucedido, hay que remontarse a la época Victoriana, donde una industria relojera en decadencia empieza a ser reemplazada por la fabricación de las primeras máquinas de coser, introducidas por James Starley y por la producción de bicicletas. Este sector siguió su proceso evolutivo normal hasta desembocar en la producción de automóviles y aviones, haciendo de Coventry una centro de producción automovilístico vital, especialmente en tiempos de guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, empresas como Daimler, Dunlop, GEC, Humber y Armstrong Whitworth producían una amplia gama de productos manufacturados, desde bombarderos a coches de reconocimiento. Una gran parte de esta producción fue trasladada a fábricas “fantasma” en las afueras  de Coventry con el fin de reducir el riesgo de ataques aéreos en zonas residenciales. Es lógico por tanto que las SS alemanas consideraran Coventry un objetivo clave en sus ataques contra Inglaterra durate la Segunda Guerra Mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros bombardeos de los que se tiene noticia acontecieron el 25 de Junio de 1940, cuando cinco bombas cayeron sobre el aeródromo de Ansty. Poco tiempo después siguieron una serie de bombardeos en la zona de Hillfields, causando 16 muertos. En la noche del 25 de Agosto de 1940 un rápido ataque causó un mayor número de muertes, dejando el flamante nuevo cine, el Rex, en ruinas. En esas curiosidades macabras que el destino siempre depara, la película programada para el día siguiente en el Rex era “Lo que el Viento se Llevó”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El número de bombardeos se intensificó en Octubre de 1940 y, aunque de escasa duración, causaron otras otras 176 muertes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor estaba aún por llegar. El ocho de Noviembre, la RAF bombardea Múnich, cuna del partido Nazi. Hitler jura venganza y la operación Sonata Claro de Luna se pone en marcha movilizando más de 500  bombarderos. Objetivo: Coventry.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde a la puesta del sol, bombarderos Kampfgeschwader 100 despegan de su base en Francia; poco después, a las siete de la tarde, las sirenas comienzan a sonar en Coventry y veinte minutos más tarde las baterías antiaéreas se ponen en funcionamiento. Al principio, los bombarderos alemanes se limitaron a dejar caer pequeños paracaídas con bengalas, iluminando la ciudad, copando el ocaso con macabras estrellas fugaces. Poco después comenzaron a caer bombas de gasolina con el fin de provocar incendios que marcasen el objetivo de los bombarderos.&lt;br /&gt;Apenas diez minutos más tarde, a las siete y media, una segunda oleada de bombarderos hace su aparición, descargando 500 toneladas de explosivos a la misma vez que las bombas incendiarias siguen lloviendo sin cesar, algunas destinadas a los objetivos industriales, pero muchas de ellas simplemente dirigidas al centro de la ciudad con el único objetivo de crear un gran incendio y reducir Coventry a escombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que hubiese transcurrido media hora después del inicio del bombardeo, el techo de la catedral de St Michael se colapsa a las siete y cuarenta. A las ocho de la tarde ya no queda ningún efectivo del cuerpo de bomberos sin utilizar. El bagaje del final de la noche: 26 bomberos muertos, 34 heridos graves y 200 heridos leves.&lt;br /&gt;Resulta angustioso pensar en la impotencia de la población civil, escondida en sótanos, criptas y refugios. Otros, simplemente, se quedaron en sus casas. Gasolina y minas de tierra se suman al bombardeo. Estas minas de tierra consistían en una caja de metal suspendida de un paracaídas, lenta y silenciosamente cayendo desde el cielo. La iglesia de St Nicholas en Radford fue destruida por una de estas minas, dejando muertos y heridos entre los civiles que se resguardaban en su cripta.&lt;br /&gt;A las dos de la mañana, tras ocho horas de bombardeo, aun seguían llegando bombarderos, sin preocuparse de las defensas antiaéreas que para entonces ya habían agotado sus municiones. Las fábricas quedaron destruidas o en llamas, las calles eran apenas senderos entre montañas de escombro. De muchas casas apenas quedaban los cimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los diversos fuegos que consumían la ciudad se habían concentrado en uno sólo. Ya no hacían falta más bengalas para iluminar objetivos, el fuego era visible para los bombardeos que aún se encontraban a más de 150 millas de Coventry.&lt;br /&gt;No fue hasta las seis y cuarto de la mañana cuando, alertados por las sirenas que indicaban el fin del peligro, los habitantes de Coventry se atrevieron a abandonar sus refugios y adentrarse en lo que una vez habían sido las calles de Coventry. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las estadísticas casi escapan la comprensión humana. Resulta casi imposible imaginar o atisbar a comprender lo que supone que, tras once horas en las que cayeron más de 500 toneladas de explosivos, 30,000 bombas incendiarias, 50 minas de tierra y 20 minas de gasolina, la cuenta de muertos ascendiese “sólo” a 554, además de 865 heridos. Entre los cascotes y los restos de las calles se encontraban restos humanos que nunca llegaron a identificarse. Nunca antes el mundo había contemplado una destrucción y brutalidad de tal magnitud. Es por ello quizás que los alemanes acuñaron un nuevo vocablo para referirse a este tipo de operaciones: conventrizar.&lt;br /&gt;Tristemente, la coventriazacion no acabó en la noche del 8 de Noviembre de 1940. Coventry sufrió mas bombardeos los días 8 y 10 de Abril de 1941, con un último y final bombardeo Agosto de 1942.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en día, la horrorosa arquitectura de hormigón gris, pasos a nivel, subterráneos y puentes son un firme recuerdo del horror sufrido entre 1940 y 1942.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-112041601417867834?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/112041601417867834/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=112041601417867834&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112041601417867834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/112041601417867834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/07/xiv-coventry-i.html' title='XIV.- Coventry (I)'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-111981344285134780</id><published>2005-06-26T19:54:00.000+01:00</published><updated>2005-06-26T20:17:22.866+01:00</updated><title type='text'>XIII.- Fin de Trimestre</title><content type='html'>&lt;em&gt;En fin, ya sé que he estado ausente desde el mes de Abril. Entre temas de trabajo y exámenes he tenido esto un poco abandando, pero vuelvo a la carga, aquí está la siguiente entrega...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, entre citas fallidas, escarmientos amorosos, discotecas del semáforo y cantidades ingentes de cerveza ingeridas, el primer trimestre tocó a su fin. Por norma, cada final de trimestre había que vaciar el cuarto por completo. Warwick se mostraba muy orgullosa de ser una de las universidades más autofinanciadas de Inglaterra, dependiendo tan solo de las subvenciones del gobierno para cubrir el 30% de su presupuesto. Una de las fuentes de ingresos era la organización de cursos y seminarios durante las vacaciones, para lo que alquilaba sus instalaciones, siendo parte de ellas las habitaciones. A tal efecto, se nos permitía guardar todo en los altillos del armario bajo candado, asumiendo que la universidad no se hacía en ninguna medida responsable de daño o pérdida. En cada piso de la residencia había también un trastero donde se podían guardar las maletas de ropa (nadie lo hacía), las cajas de libros (todos lo hacían) o el resto de enseres básicos de la vida de estudiante. Con puntualidad inglesa, todos los trimestres acababan en viernes, de modo que el sábado antes de las once había que haber abandonado y desalojado la habitación. Con dos agravantes de por medio. Uno, que generalmente el trimestre acababa con más posesiones que cuando empezó, y segundo, que el sindicato organizaba la fiesta fin de trimestre a la que, esta vez, nadie tenía excusa para no ir. De modo que la historia más o menos era ésta. Las clases acaban a la una. Nada más terminar, uno iba a comer, después al sindicato a vaciar varias pintas. Cuando se empezaban a notar los efectos del alcohol, uno se iba a su respectiva residencia, cenaba, se duchaba, se arreglaba y se iba a hacer la cola de la fiesta a eso de las siete. Por supuesto, entre la cena, la ducha, la planchada de camisa y el camino a la cola, el consumo de cerveza no cesaba. Dos o tres pintas después de comer, tres entre la cena y la hora de salida y una para el camino más o menos se acercaban a los tres litros de cerveza antes de empezar la juerga propiamente dicha. A la vuelta de la fiesta, a eso de las dos de la mañana, después de acabar los últimos restos de comida que quedasen por los armarios o la nevera, había que empezar a empaquetar. Libros, ropa, discos, pósters, equipo de música, cubertería, ordenador, se tardaba mucho más de lo que cabría esperar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de desayunar algo, la residencia empezaba a rezumar con padres y madres que venían a recoger a su progenie. Típicamente, las chicas charlaban con sus madres mientras los padres, con cara de resignación, cargaban con los bártulos y las incontables maletas de ropa. Entonces, poco a poco comenzaba el éxodo, y Hampton se iba vaciando lentamente hasta que, por algún extraño motivo, casi siempre me quedaba de los últimos, ayudando a los demás a bajar maletas, despidiéndome de todos y todas mientras hacía tiempo. Por esos azares de la vida, mi avión no salía desde Luton hasta bien entrada la tarde, y por aquellas peculiaridades de los horarios, después de las dos horas en autobús desde Coventry hasta el aeropuerto, aún me tocaba esperarme cuatro horas a que saliese. Nunca lo perdí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Generalmente, solía coincidir con otros estudiantes en el autobús, todos tan resacosos como yo, de modo que la conversación nunca era de esas que llaman fluidas. Generalmente se reducía a: “Anoche bien ¿no?”. Asentimiento con la cabeza, caída de párpados y cornada digna de un miura para caer en brazos de Morfeo hasta nuestro destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de los fines de trimestre, por algún motivo que, echando la vista atrás, escapa mi comprensión, compré un billete que salía a una hora bastante tempranera. Tenía dos opciones, coger el autobús de las tres de la mañana y mal dormir en el aeropuerto, o salir la noche de antes y quedarme en un hotel próximo al aeropuerto. Siendo el sibarita que soy, opté por la segunda opción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscando por internet, encontré un bed and breakfast que me pareció muy módico de precio, y si encima ofrecían desayuno, verde y con asas. No tardé en descubrir por qué era tan barato. En primer lugar, decir que el cuarto era pequeño sería un elogio, he visto bañeras más grandes que aquel dormitorio. Lo cierto es que esa no fue la primera impresión. Nada más entrar, uno se fija en los detalles: el estado de la moqueta, si hay televisión, la cama etc. De repente, algo me retenía. Por alguna bifurcación del contínuo espacio-tiempo, no podía avanzar. Alguna fuerza cósmica me empujaba hacia atrás. Cuando eché la vista abajo, me di cuenta de que al haber entrado con la maleta por delante, ya no quedaba espacio para mí. El hueco entre la pared y la cama tenía la anchura justa de la maleta. Intenté seguir avanzando hacia delante, pero topé, no con la Iglesia, sino con una ajada cajonera de pino sobre la cual descansaba una televisión cogida con esparadrapo. Resignado, dejé la maleta en el suelo para concentrarme en la cama. Muy posiblemente, la manta fue con la que se tapó Nelson en la batalla de Trafalgar, o al menos con la que se tapó su segundo de abordo. Al levantarla y examinar las sábanas comencé a albergar terribles sospechas acerca de cuándo fue la ultima vez que estuvieron siquiera cerca de una lavadora. En un lado de la pared, justo encima de la maleta, había un lavabo del tamaño de un plato sopero y justo enfrente de la puerta una ventana que lindaba con una autopista. Por supuesto, no había cuarto de baño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignado y en manos de la hambre viva (¿plagio a Quevedo, yo?) me aventuré por las calles de Luton, buscando algún lugar en el que comer. Después de un brevísimo paseo, no tardé mucho en darme cuenta de que no estaba en el mejor barrio de Luton. Sin ganas de andar sin rumbo ni dirección, entré en una tienda de kebabs, me pedí uno de cordero con extra cebolla y salsa picante, me lo envolvieron en papel y me lo llevé de vuelta a la habitación debajo del brazo. a riesgo de resfriarme, tuve que abrir la ventana que daba a la autopista, el kebab estaba empezando a impregnar la habitación de olor a cebolla y cordero. Una vez terminado tan suculento ágape, me decidí a matar el rato viendo la tele. Era mi primera experiencia volando sólo, y no tenía ningún libro a mano. Esa fue una lección que aprendí bien pronto. En este tipo de viajes resulta fundamental tener un libro de lectura ligera a mano. Un libro que uno sea capaz de leer en el autobús, mientras espera en la puerta de embarque, en el avión o en el tren de camino al aeropuerto. Preferentemente, el libro ha de caber en el bolsillo del abrigo, pesar poco (generalmente ediciones en rústico) y no ser excesivamente largo, de modo que pueda ser leído en el espacio de un par de días. Tras mi dilatada experiencia en este tipo de viajes cortos, reduje el abanico de posibilidades a tres autores, Terry Pratchett para los que les guste la fantasía, Bill Bryson para los adictos a la literatura de viajes y Stephen King. ¿Quién no ha leído un libro de Stephen King?. Lo maravilloso de Stephen King es que es un escritor tan prolífico como dotado, y siempre puedo contar con encontrar algún libro suyo que no he leído en las librerías de los aeropuertos. Pero, ay, como he dicho, esta era mi primera experiencia, no tenía nada para leer y era demasiado pronto para acostarme. Encendí la tele que, como no podía ser de otra manera, se veía regular siendo bondadoso. Era viernes, y lo único que me atreví a ver era una película de Pamela Anderson, quizá la peor que he visto desde “El Último Gran Héroe” de Schwarzenegger. Confieso que la única razón por la que la ví era por si, por aquello de exigencias del guión, Pamela Anderson enseñaba las tetas, pero no fue así, para mi mayor decepción. Resignado, aburrido, me lavé los dientes en el lavabo, sin atreverme a aventurarme en los servicios del hotel, hice pis en el lavabo y me dispuse a meterme en la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si de las mantas albergaba dudas de si habían sido lavadas recientemente, de las sábanas tenía la certeza de que no habían pasado por la lavandería. Yo no es que sea excesivamente escrupuloso. He cagado en mitad del campo y he cagado en el Banco de Inglaterra, así que me considero una persona flexible y de fácil adaptación a las circunstancias. Sin embargo, aquella noche mi premisa fundamental era minimizar el contacto con las sábanas. Me metí la camiseta del pijama dentro del pantalón y me dejé los calcetines puestos por si se me contagiaba algo. Procurando no mover mucho la cabeza por la almohada, conseguí dormirme con más facilidad de la que me esperaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, se me presentó la gran disyuntiva de si ducharme o no. Echándole valor y un par de cojones al asunto, me puse las zapatillas de estar en casa y me adentré en los servicios. Lamentablemente, no tenía chancletas, y, en un acto de locura, me duché con los pies descalzos, rezando porque la ducha hubiese sido limpiada esa mañana y por ser de los primeros en usarla. En el suelo había varios botes de champú y jabón a medio acabar. Sin tener ni idea de si se los había dejado alguien, que era mi primera suposición, o si la gestión del hotel los había dejado allí, usé los que me parecieron eran los más caros y rápidamente volví a mi celda a vestirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la sensación de no estar limpio, me acerqué al refectorio. Ni que decir tiene, allí no había nadie, nada más que un señor mayor, (el dueño del hotel) y una señora mayor (su mujer) que hacía las veces de cocinera. No es que hubiese mucho para desayunar, un poco de zumo de naranja y cereales. Nada más entrar, se me acercó la señora mayor a preguntarme si quería café o té. El acento la delató en seguida como griega. “Cofi, cen quiu”, le dije (el acento me delató enseguida como español), y me senté en la mesa que tenía más cerca. Al minuto, la señora me trajo un café, bastante malo, y un par de tostadas cortadas en triángulos. Cuando me vio dispuesto a untarme la mantequilla, me preguntó: “¿Te apetece un poco de beicon y un salchicha?”. Nada más que por hacer gasto, le dije que sí. Mientras la señora se atareaba detrás del mostrador donde estaban la hornilla, empezó a hacerme preguntas: ¿De dónde eres?, ¿qué haces?, ¿estudiante, de verdad?. Mi muy estimada hostelera me debió ver mal alimentado, ya que, entre preguntas y respuestas, la salchicha y el beicon se convirtieron en una fuente de beicon con salchichas, tomates asados, baked beans, champiñones y huevos revueltos. Para mi mayor sorpresa, la señora se sentó enfrente de mi en la mesa, dándome conversación mientras me aplicaba con denuedo al millón de calorías que me estaba metiendo entre pecho y espalda. Así, entre salchichas, cafés y tostadas descubrí que la señora había conocido a su marido durante la II Guerra Mundial, cómo se había venido aquí, sus idas y venidas, el paradero de su hijo y la actual situación de la por entonces muy joven Universidad de Luton. Pronto me di cuenta de que era el único cliente del bed and breakfast, y, de no ser por lo cutre que era la habitación, lo recomendaría nada más que por el servicio. Casi con pena, pagué las treinta y cinco libras de la habitación y me subí al taxi que había apalabrado la noche anterior para ir al aeropuerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que el negocio no les debía ir muy bien a tan entrañable pareja, pues cuando llegué al aeropuerto me di cuenta de que se les había olvidado pedirme la llave de la habitación y a mí dársela, y eso era difícil, la llave estaba unida a un tarugo de madera de quince centímetros. Una vez en casa me sentí en la obligación de devolverla por correo con una carta de agradecimiento. &lt;br /&gt;Debo ser de gustos sencillos. Cuando al año siguiente me volví a encontrar en la misma tesitura de tener un vuelo tempranero, alguna bombilla debió de dar un fogonazo en mi cabeza antes de fundirse, pues se me ocurrió que sería una gran idea repetir. Sentía curiosidad por saber algo más de aquella simpática señora de la que nunca sabré su nombre y que se sentó a mi mesa a contarme su vida mientras intentaba bloquearme las arterias con su desayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mi mayor desencanto, nada más llegar me di cuenta de que al hotel le habían cambiado el nombre, ahora se llamaba Shamrock y en la recepción, en vez de aquel señor mayor de pelo cano y pocas palabras había un joven delgado con un corte de pelo estilo cherokee que daba la sensación de fumar algo más que Benson &amp; Hedges. Brevemente, me hizo un recorrido por aquel hotel que nunca olvidaré, indicando la existencia de un bar por si, en algún momento de la noche “requería” una cerveza. De aquella segunda noche no guardo ningún recuerdo memorable. Venía preparado con un libro y un par de bocatas. Ni siquiera recuerdo si la habitación fue la misma o no. Lo único que recuerdo de aquella segunda noche fue que de la habitación contigua provenían ciertos jadeos guturales que a mí se me antojaba sólo podían ser una cosa. Ni siquiera me acuerdo de las sábanas ni del desayuno. Lamentable. &lt;br /&gt;La primera ocasión fue algo entrañable. Una habitación pequeña, sin cuarto de baño y con una ropa de cama algo dudosa habían conseguido hacerme querer volver. Aquel hotel había hecho de su cutrez su insignia, me había provocado la necesidad de contarle a mi familia y amigos lo cutre que era, instándoles que lo visitaran, casi como una atracción. La segunda vez fue simplemente desagradable, le faltaba el carisma que aquella pareja de veteranos de la Guerra le otorgaba. Por eso, si a alguien se le ocurre pasar la noche en Luton por el motivo que sea, que no sea en el Shamrock, por muy cerca del aeropuerto que esté. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volver a casa estaba más o menos bien. Bien porque generalmente llegaba por la noche y mis padres venían hasta Málaga a recogerme, y por norma general siempre había un bocata de jamón con tomate esperándome en el asiento del coche. Porque, como mi padre nunca se cansará de repetir: “Niño, tú come de esto, que en Inglaterra no hay”. Hombre, sí que lo hay, pero no es lo mismo. Y si no era de jamón, era de tortilla de patatas. Ese turno le tocaba a mi madre “Niño, tú come de esto, que en Inglaterra no hay”. Hombre, patatas hay en todas partes, y si no me hacía tortillas de patata en la residencia, no era por falta de huevos. &lt;br /&gt;En ese aspecto, volver a casa estaba bien, el menú pasaba a ser a la carta, “¿Qué hacemos de comida hoy?”, “No sé, lo que diga el niño”. Pues eso, entre las croquetas de jamón de mi abuela, las paellas de mi madre y las tapitas con los amigos, siempre solía coger fuerzas para el trimestre siguiente. Por otra parte, volver a casa resultaba un proceso desnaturalizado. Por lo pronto, no era lo mismo que el haberse ido una temporada para volver. Cada vez que volvía a casa, era con la noción de que dentro de dos semanas me tocaba volver, y una vez acabada la universidad, tampoco tenía muy claro qué es lo que iba a pasar, no me veía volviendo para quedarme a vivir en Granada. Por otro lado, resultaba muy extraño perder el contacto con el 90% de la gente con la que me hablaba. De los antiguos compañeros del trabajo, sólo quedaron seis, aunque a lo mejor eso ya eran muchos. El resto de conocidos, personas con las que había salido incontables fines de semana, había estado en sus casas y estudiado juntos, cuando me los encontraba por la calle, siempre me hacían la misma pregunta: “¿Pero, tú no te habías ido?”. Y dolía. ¿Se supone que me había ido a la guerra y que la gente esperaba que cayese en el frente?. Y de haber compartido noches de borrachera, pasábamos a un saludo incómodo por la calle y el “a ver si quedamos” que nunca vimos. Supongo que algunos lo decían honestamente, supongo que otros por compromiso y yo, creo que nunca lo dije. Ahora, me conformo con las cinco o seis personas que veo un par de noches en Navidad, mismo restaurante, mismo menú, todos los años, y casi lo prefiero así. Seguimos teniendo algo que contarnos, y las noches con los antiguos amigos recuerdan a los viejos tiempos. Ahora, cada uno a hecho su propio  camino, cada uno tiene sus nuevos amigos, sus novias y poco a poco los caminos se bifurcan. Quizás mi camino se bifurcase el primero, llevándome a un país lejano, por lo que sigo teniendo la noción de volver a casa, mientras que los demás aún siguen allí. Aún así, resulta gratificante andar la Carrera de la Virgen de las Angustias en Granada con las luces de Navidad, ver la puesta del sol reflejada sobre el río, con la iglesia de mi colegio en el fondo enmarcada por un cielo ocre manchado aquí y allí de nubes entre gris y púrpura. Resulta gratificante subir la Cuesta de los Chinos de noche y sentarse junto a la Puerta del Vino, hablando con los amigos de todo y nada a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra de las preguntas típicas era: “¿Y el inglés que, ya lo dominas no?”. Después de cuatro años viviendo allí, lo normal es que lo domine ¿pero qué iba responder?, al final, siempre lo mismo: “Me defiendo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de unos diez días, sin embargo, me entraban ganas de volver. A fin de cuentas, cada uno de mis amigos había hecho su propia vida, y hay un máximo número de veces en que se pueden contar las mismas historietas y batallitas sin aburrirse uno mismo. Mi nueva vida estaba en Warwick, se vivía bien en aquella burbuja aislada del mundo, de modo que siempre volvía en cuanto podía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-111981344285134780?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/111981344285134780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=111981344285134780&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111981344285134780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111981344285134780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/06/xiii-fin-de-trimestre.html' title='XIII.- Fin de Trimestre'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-111445983683341272</id><published>2005-04-25T21:02:00.000+01:00</published><updated>2005-04-25T21:10:36.836+01:00</updated><title type='text'>XII. Cagando en Comunidad</title><content type='html'>Hay ciertas cosas que quedan mejor en la intimidad de cada uno, sin embargo, estas cosas pasan, y hay que contarlas, ¿por qué no?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debe ser algo importante digo yo, algo significativo, contemplar cómo el uso popular, coloquial, de ciertos vocablos se extiende hasta limites insospechados. Tan insospechados que incluso el Oxford Dictionary of Spanish en su edición de 2001 incluye el verbo “cagar” con sus diversas acepciones. En fin, caga el rey y caga el mendigo, y uno, aunque no es ni rey ni mendigo también caga, con más o menos regularidad, pero caga, y la caga. Y por ello, cosa natural por otra parte, se originan las situaciones más inverosímiles y, de no ser por la tensión del momento, hilarantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de ellas, probablemente la más común de todas, es la duda generada, casi existencial, de dónde hacerlo, dado que cuando se vive en residencias de estudiantes suelen suceder dos cosas frecuentemente: uno, que no se posee de w.c. propio; y dos, que aunque se le coja más cariño a un w.c. que a otros, nunca sucede que uno está cerca de él cuando se le necesita. En resumen, que se trata de un tema más bien de aquí te pillo aquí te mato y que el sufridor de tan gran problema se halla en la tesitura, obligada, de ir probando, como la canción de Julio Iglesias, “de aquí para allá”. Así como la universidad ofrecía gran cantidad de bares y diversas atracciones, también ofrecía un más que amplio surtido de váteres, cada uno con sus peculiaridades y detalles que los hacían únicos y distinguibles unos de otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la frente alta, la barbilla hacia delante y el pecho henchido de orgullo, vano y fútil orgullo, puedo decir que durante mis cuatro años en la universidad de Warwick probé todos los distintos lugares en los que se podía aliviar uno el vientre. Yendo aún más lejos, me vanaglorio de haberlo hecho en el mismísimo Banco de Inglaterra, pero esa es otra historia que dejo para otra ocasión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maravilla de Warwick era que cada cuarto de baño guardaba el hilo temático del edificio en el que se hallaba. Así, por ejemplo, según como me sintiese ese día, podía ir a un váter o a otro, de igual manera que elegía la música que me apetecía escuchar o lo que me apetecía comer, esta itinerante vida fisiológica me permitía elegir el váter que mejor reflejaba mi estado de ánimo. La mayoría de las veces, sin embargo, me tenía que contentar con el primero que me encontraba. Así es la vida, cuando el apretón amenaza, lo mejor es echar mano de lo primero que se encuentra uno; en tiempos de guerra, todo hoyo es trinchera, y en más de una ocasión llegué lo que se dice tocando tela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la universidad los había de todos los tipos y colores.&lt;br /&gt;Los del sindicato de estudiantes solían ser de acero inoxidable, de esos que le dejan a uno el culo frío, sobre todo en los meses de invierno. A mí esos servicios me provocaban cierto desasosiego y trataba de evitarlos la mayor parte del tiempo, su ambientación cuasi-futurística no era propicia para la situación de relajo requerida en este tipo de tareas. Además, me recordaba a los retretes de los aviones. Los retretes de Hampton eran de esos que tienen la tapa de plástico delgado que no dan sensación de seguridad ni estabilidad en momentos tan angustiados. Como no podía ser menos, también había váteres de mis preferidos de toda la vida, de cerámica, fuertes y resistentes pero cálidos y bellos a la vez, de esos en los que uno se puede sentar horas y horas encontrándose consigo mismo, leyendo las Reflexiones de Kant como si se tratasen del best seller del momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran inconveniente de este ir y venir nómada es que no se puede disfrutar de la soledad requerida en esos momentos en los que uno puede relajarse y tomarse su tiempo, tal vez leyendo el periódico o alguna revista. Por ejemplo, en el cuarto piso de la biblioteca, entre artículo y artículo el día previo a los exámenes es normal que a uno le entren ganas de evacuar. Eso es comprensible. Pero lo que no es normal es que esa soledad parcial, esa intimidad necesaria para llevar a cabo con éxito tan delicada operación proporcionada por el pequeño cubículo pintarrajeado que hace las veces de bastión intelectual o trinchera se vea asaltada asiduamente por la irrupción repentina de otro estudiante necesitado en el cubículo contiguo. No es normal que me ocurriese siempre, que hubiese una conspiración a nivel universitario para perturbar mis momentos de reflexión e inspiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debería haber unas normas básicas de etiqueta fisiológico-cubicular. Dada mi amplia experiencia personal en el asunto, propongo el siguiente decálogo como guía para hacer un mundo mejor en el que la atención al prójimo se extrapole a temas tan actuales como el que estoy tratando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Usar la escobilla de váter, por favor, no quema&lt;br /&gt;2. Soltar los mocos dentro de la taza, no pegarlos en la pared, por favor&lt;br /&gt;3. Abstenerse del uso del teléfono móvil, distrae a los co-usuarios&lt;br /&gt;4. Hacer uso de los ambientadores en caso de que estén proporcionados&lt;br /&gt;5. Evitar sorpresas desagradables, no bajar la tapa&lt;br /&gt;6. Asegurarse de que el váter no está bloqueado y de que la cadena funciona antes de empezar&lt;br /&gt;7. No emitir flatulencias si hay inquilinos en los cubículos contiguos&lt;br /&gt;8. En caso de que 7. no sea posible, hacerlo poquito a poquito para evitar ruidos molestos&lt;br /&gt;9. En caso de que 7. y 8. no sean posibles, hacerlo al tiempo que alguien tira de la cadena&lt;br /&gt;10. En caso de que 7., 8. y 9. no sean posibles, toser&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me consta que hay muchas personas que son unos perfectos inválidos cubiculares, quiere decirse, que son incapaces de cagar en un cubículo que no sea el de su casa. Gente que por pudor no caga en la oficina, estando horas y horas aguantando lo inaguantable. Gente que se pasa el día perfeccionando la técnica denominada “cabeza de tortuga”, y eso no puede ser sano. Luego llegan los atascos y los malestares, y todo por pudor, total, por no sentarse en un asiento que ya ha sido calentado por otro. El problema de estos inválidos reside en la falta de una etiqueta  de cuarto de baño. El fin último de cualquier norma de etiqueta es la de evitar situaciones engorrosas para los demás y para nosotros mismos. Por consiguiente, si se trata de evitar situaciones incómodas en recepciones reales o cenas de etiqueta, también deberíamos observar el propuesto decálogo. Si todos sabemos que el cuchillo no se lleva a la boca y que eructar está mal visto, todos deberíamos de saber de que en caso de 7, 8 y 9 no sean posibles, hay que toser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, se puede dar el caso que los cinco cubículos se encuentren ocupados a la vez, momento en que la tensión alcanza su máxima expresión conducida por el pudor, ese pudor que nos impide soltar el sonoro pedo que preceda lo que tenga que proceder. ¿Qué pensaría usted si, intentando minimizar el ruido a la vez natural y previo, en incluso a veces necesario, a la descarga de la artillería pesada, nos encontramos con que en el cubículo contiguo el pudor brilla por su ausencia y el decálogo está siendo roto en cada uno de sus principios? ¿Qué haría usted si una auténtica salva, una mascletá en toda regla se estuviera desatando a su alrededor?. ¿Le da ello a usted licencia para hacer un redoble?. La respuesta es no. Las normas expuestas no son tan solo para el oficio y beneficio de los usuarios del cubículo, sino también en deferencia a los inválidos cubiculares que se limitan a hacer uso del urinal. Porque, ¿qué necesidad tiene un inválido cubicular de escuchar la versión casera de los tambores de Kodo?.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Resignación, incredulidad e incluso espanto, son los diversos sentimientos que pueden sobrevenir ante tal situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro requerimiento básico del buen cagador en comunidad es la concentración, la seriedad. Porque ante la tensión propia generada por la situación, no hay por que echarse a reír porque uno de los co-usuarios deje escapar una ventosidad, un pedo, vamos. El buen cagador en comunidad actúa con normalidad, se extrae de la realidad y se concentra en su propio esfuerzo, porque, la verdad, tampoco es gracioso. No es nada fácil estar sentado concentrando, intentando ignorar los ruidos del vecino de la izquierda mientras el vecino de la derecha se carcajea con cada explosión intestinal. Toda esta falta de etiqueta da lugar a múltiples situaciones inverosímiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primera situación inverosímil: estar sentado en el w.c. mientras el vecino de la izquierda da rienda suelta a sus aires y el de la derecha pasa el momento más divertido de su vida.&lt;br /&gt;Yo pensaba que los w.c. solo tenían una función, servir de receptáculo para nuestros deshechos, pero al parecer, también sirven de cabina de teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda situación inverosímil: estar sentado en el w.c. mientras el vecino de la izquierda habla por el móvil, rompiéndote la concentración y generando malas vibraciones en general (literalmente).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tercera situación inverosímil: estar sentado en el w.c. mandando el decálogo a tomar por donde amargan los pepinos, intentado hacer el mayor ruido posible para fastidiar al vecino de la izquierda y que éste te pida que si puedes bajar el volumen, que está hablando por teléfono. &lt;br /&gt;Olvidando todos mis buenos modales, fui protagonista principal de la tercera situación inverosímil, y no, yo no era el del teléfono móvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A buen seguro todos los seres humanos vivimos momentos intensos de vergüenza a lo largo de nuestras vidas, pero como el que viví yo bajo la tercera situación inverosímil, hay pocos. Y yo me pregunto, ¿cual sería la reacción apropiada ante tal situación? ¿Sonreír? ¿Ignorarlo? ¿Enfadarse y decir que los w.c. no son para eso?&lt;br /&gt;Solamente se me ocurrió resolverlo de la mejor manera posible y satisfactoria para ambos, rápidamente hice lo que tenía que hacer y como rata en barco a la deriva, salí corriendo con tal de no encarar a tan fastidioso vecino. &lt;br /&gt;En resumen, si todos observáramos cierta etiqueta, cagar en comunidad podría incluso resultar en una actividad de confraternización, una ocasión de hacer amigos en lugar de derivar en una situación inverosímil sin previo aviso o advertencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-111445983683341272?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/111445983683341272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=111445983683341272&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111445983683341272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111445983683341272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/04/xii-cagando-en-comunidad.html' title='XII. Cagando en Comunidad'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-111134179556419168</id><published>2005-03-20T18:02:00.000Z</published><updated>2005-03-20T18:04:11.033Z</updated><title type='text'>XI. Clubes y Sociedades</title><content type='html'>El sindicato ofrecía una amplísima variedad de las que uno se podía hacer miembro por un muy módico precio. El único fin de estas sociedades era fomentar los hobbies e intereses que uno pudiera tener, ayudando a entablar relaciones sociales a la vez que te daba algo que poner en el currículum. El fin de las sociedades era poner en contacto a personas de gustos parecidos, organizando “sociales” (léase, quedar en el bar) o actividades relacionadas con el nombre de la sociedad relevante. La lista de clubes y sociedades era interminable y cada año crecía un poco más y entre ellas estaban, por ejemplo, la sociedad de Los Simpsons, cuya principal actividad era reunirse a ver los Simpsons junto a unas cervezas, la sociedad de la cerveza (no hace falta dar explicaciones), o la sociedad de los juegos de mesa (esencialmente, reuniones para jugar al monopoly). A continuación estaban las sociedades de carácter académico, la más popular la de Derecho, no por la cantidad de estudiantes de Derecho, sino porque organizaba una de las mayores fiestas del año y había que ser miembro para poder asistir. &lt;br /&gt;Las sociedades eran de lo más variopinto. Por un lado estaban los de los juegos de rol en vivo. Allí que venía yo de clase, tarde, muerto de frío, y, de repente, al doblar la esquina, me encuentro a dos individuos vestidos de bárbaros de la estepa arreándose en la cabeza con espadas de plástico. Pero ellos se lo pasaban bien. Por otro lado estaba la sociedad de los supervivientes. Esto era un poco duro, era la sociedad de los que habían sido objeto de violación, y el dato es que para que cada sociedad pudiese sobrevivir, tenía que tener un mínimo de treinta miembros. No digo que todos los miembros hubiesen sido objeto de una violación, pero aún así, el hecho de que hubiese al menos treinta personas cuya idea de “social” era sentarse en un bar o salón los martes por la tarde y contarse sus experiencias me parecía una aberración. Yo pensaba que estas cosas se trataban de otra manera y en otro ambiente, pero a lo mejor me equivoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro aspecto crucial de las sociedades y clubes eran los “pub crawl”, “crawl” como en el estilo de natación. Más o menos esto podría traducirse como “nadar por los bares”, lo cual es más o menos acertado dada la cantidad de líquido envuelta en el proceso. Aunque quizá, la acepción más adecuada del término “crawl” sea la de arrastrarse, dándonos a entender una más explícita y precisa idea de lo que un “pub crawl”  acababa convirtiéndose: “arrastrarse por los bares”. No creo que haga mucha falta explicar de lo que se trataban los “arrastrarse por los bares”, pero, para que no queden dudas, diré algo. El fin último y único de estos eventos era acabar, como su propio nombre indica, arrastrándose por los bares. La cosa empezaba en el bar del campus de Westwood, para luego proseguir en el bar del Arts Centre, el del edificio de Rootes, y los cuatro bares del sindicato. Tirando por lo bajo, si calculamos una pinta por cada bar, estamos hablando de tres litros de cerveza entre las ocho de la tarde y las doce de la noche, es decir, medio litro cada tres cuartos de hora, de ahí lo de arrastrarse por los bares.  Otra de las variantes de estos “pub crawls” era la de empezar en Coventry y acabar en la universidad y, he de decir, había algo más de seis pubs entre Coventry y Warwick. &lt;br /&gt;El final de un “pub crawl” se caracterizaba por dos hechos contrastados. Uno, que uno acababa arrastrándose y segundo, que ya no se bebía (traducido, drinking), sino que se cuafaba (sin traducción, pero en inglés quaffing). Es esta habilidad de la lengua inglesa para captar sutilezas y diferenciar pequeños detalles la que han convertido al inglés en el idioma de moda en el mundo. Nada que ver con los negocios o el difunto Imperio. En español, beber es beber, y punto. En inglés, beber es “drink”, pero beber en ese contexto en el que la bebida pasa de A (el vaso) a B (la boca) sin pasar por C (la barbilla), D (la cara) o E (el suelo). El término quaffing se emplea para describir la acción de beber en la que la cerveza va de A a B si con suerte queda algo tras su paso por C, D y E. De tal modo, los “pub crawls” empezaban con un alto grado de “drinking” social y culminaban con un degrado de “quaffing” en ocasiones antisocial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El término clubes se reservaba exclusivamente para los equipos de los diversos deportes que representaban a la universidad en los diversos campeonatos interuniversitarios. Los sociales del equipo de rugby eran temidos a lo largo del campus. Entre otras cosas, porque un mostrenco de cien kilos  cuafando se convierte en un tipo bastante peligroso. Recuerdo una noche en un top banana, que invariablemente, tenía que ser en Enero, que al club de rugby se le ocurrió organizar un social vestidos todos simplemente con un pañal. Entre ellos identifiqué a un compañero de clase, así que jovial, dispuesto a palmearle la espalda y soltar algún chascarrillo fruto de mi incontenible ingenio, me acerqué a saludarle. Sin embargo, antes de poder abrir la boca, me di cuenta de que palmearle la espalda a un animal con más músculos que un culturista con sobredosis de esteroides, con los ojos vueltos después de haber estado cuafando largo y tendido, que me miraba intentando discernir si estrangularme o golpearme repetidamente las costillas si osaba siquiera rozarle no había sido la mejor de las ideas que había tenido esa noche. Rápidamente, antes de darle ocasión, le hice un levísimo ademán con la mano para evitar cualquier malentendido y me di la vuelta por donde vine.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-111134179556419168?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/111134179556419168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=111134179556419168&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111134179556419168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/111134179556419168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/03/xi-clubes-y-sociedades.html' title='XI. Clubes y Sociedades'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110841307731225473</id><published>2005-02-14T20:28:00.000Z</published><updated>2005-02-14T20:31:17.326Z</updated><title type='text'>X. El Sindicato de Estudiantes</title><content type='html'>Ya he mencionado de pasada el sindicato de estudiantes. Pero, ¿qué es el sindicato de estudiantes?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es un centro de iniciación en la militancia de izquierdas?, en parte. ¿Es una organización estructurada que lucha por defender los derechos de la clase marginal de la universidad, es decir, los estudiantes?, en otra parte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas dos partes, sin embargo, son dos muy pequeñas partes de lo que se trata el sindicato de estudiantes.  Fundamental y principalmente, el sindicato de estudiantes es un bar muy grande y muy barato, con lo cual ya ha satisfecho al 99% de la población estudiantil, ha salvaguardado sus derechos fundamentales a una cerveza barata y ha promovido la unión (carnal) y acercamiento (sexual) de sus miembros a través de variadas e innumerables fiestas y eventos de carácter social y cultural. Para mi gran fortuna, en 1998, Warwick contaba con el mayor sindicato de estudiantes de Inglaterra. El edificio era bastante grande y constaba de tres plantas. La planta baja estaba formada por un bar, una discoteca, una suerte de hamburguesería barata y una pista de baile con escenario. La planta superior estaba constituida por un bar más grande, una zona dedicada a varias mesas de billar, una librería de segunda mano, una tienda de sándwiches, una zona dedicada a varias maquinas recreativas y un restaurante algo más elaborado. La segunda planta estaba dedicada a una sala de billar y varias salas de reunión. La última planta la ocupaban varias oficinas y la emisora de estudiantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema del sindicato es que era un arma de doble filo. Se supone que el sindicato era un lugar de encuentro donde podías quedar con tus compañeros de clase o de residencia, a su vez estos quedarían con los suyos en una espiral fraternal destinada a ampliar el círculo social de sus afiliados. Para los faltos de autodeterminación y carácter, el riesgo de perder clases jugando al billar o simplemente sentado a gusto vaciando una(s) pinta(s). A lo largo de los años, mi autodeterminación y carácter fueron perdiendo su fuerza como el gas de una cerveza que se queda expuesta durante horas sobre una mesa intacta. Aparte de la comida y la bebida barata el sindicato, cada noche, ofrecía un tipo de “evento” distinto, con el único fin de minimizar la asistencia a las tempraneras clases del día siguiente. El más popular de todos, sin lugar a dudas, era el “Top Banana” de los lunes, posiblemente porque era el único gratis. La música era de cualquier género imaginable siempre y cuando fuese conocida por el 90% de los estudiantes y se pudiese bailar o cantar. A diez semanas por trimestre, tres trimestres al año, tres años de duración de la carrera, a mí me salen noventa posibles asistencias al Top Banana. Aquí va un hecho que a más de un padre preocupado por la educación de su hijo(a) llenará de espanto. Había más de uno(a) que elegía carreras de cuatro años, o se quedaba a estudiar un máster en Warwick o se tomaba un año sabático trabajando para el sindicato con el fin de poder alcanzar su 100º Top Banana. Dándose el caso curioso que cada lunes la música era siempre, y repito siempre, la misma, sólo que cambiando el orden de las canciones. Rezaba un dicho entre los estudiantes: “Una vez que has ido al Top Banana ya has ido a todos”. Y era verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los martes eran un día extraño y nunca estaba claro qué es lo que pasaba por el sindicato los martes por la noche. Los miércoles era el día de los años ochenta, terriblemente popular, pero ese ya era pagando. Los jueves era un día también extraño, y unas veces era música latina y otros afro-caribeña. Los viernes era música de discoteca, techo, trance y cosas así. Los sábados eran las mejores noches, unas veces era noche años setenta, obligado ir disfrazado de John Travolta o de hippie y otros días traían algún grupo o DJ más o menos conocido. Las noches años setenta se llamaban, como no podía ser de otra manera, Boggie Nights, y me perdí muy pocas. Un grupo de amigos estaban tan imbuidos en el espíritu de los setenta que iban disfrazados de Village People, con los pasos de baile ensayados y las rutinas aprendidas. Eran los triunfadores de la noche, siempre.&lt;br /&gt;Un hecho curioso que se repetía noche tras noche, fuese el evento que fuese o el tipo de música que fuese era la inicial segregación sexual que se producía al principio de la noche y que poco el alcohol iba aproximando. Me explico. La gente llegaba poco a poco, con la pista de baile vacía, nadie quiere ser el primero. Como una mezcla de agua y aceite, las chicas bailaban en grupo mientras los chicos, acodados en la barra consumían pintas a mayor o menor velocidad. A medida que el alcohol empezaba a surtir efecto, dando paso a la fase de euforia, los chicos se iban acercando a la pista de baile tentativamente al principio, pero con mayor confianza según avanzaba la noche. Y no fallaba, todas las noches, sin excepción se producía este efecto sociológico digno de exploración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez por trimestre, uno de los eventos estrella del sindicato era la “Discoteca del Semáforo”. El plan era el siguiente. Cada uno se compraba una chapa de un color, rojo, amarillo o verde (sin sorpresas ahí), según la disponibilidad sexual del interesado. Es decir, que si se encontraba especialmente marchoso esa noche, chapita verde. Que uno no lo tenía claro porque la novia(o) andaba cerca, chapita amarilla. Que uno no estaba por la labor, chapita roja. Huelga decir que las chapitas rojas nunca se agotaban (sin sorpresas aquí tampoco). &lt;br /&gt;En mi ignorancia, en mi primera, y casualmente, última, “Discoteca del Semáforo”, me compré una chapita roja, “Porque soy Español, ¡coño!” decía yo. Luego empecé a mosquearme cuando todos a mi alrededor parecían estar en racha esa noche con los miembros del sexo opuesto. Cuando por fin atendía a razones y me enteré de que iba el asunto, de perdidos al río, me compré una chapita amarilla y otra roja y me puse la bandera en el pecho, “Porque soy gilipollas, ¡coño!”.&lt;br /&gt;Otra noche que resultó ser un fracaso fue la noche del Top Banana Lesbigay, o sea, organizado por la comunidad de gays y lesbianas de la universidad. Como ciudadano de mundo a puertas del siglo XXI, decidí extraerme de cualquier prejuicio que pudiera tener al respecto y, convencido de mi sexualidad, decidí acercarme a ver que se cocía en el sindicato aquella noche. Mi entrada no pudo ser más triunfal. A la puerta había un chico (supongo que gay) repartiendo chupa-chups a todos los que entraban. Yo, para no ser menos, fui a por mi chupa chups. “Toma”, me dijo el chico del pendiente y las gafas, “Dame”, le respondí antes de darme cuenta de la connotación de la brevísima conversación que acababa de mantener con el chico del pendiente y las gafas. Dos palabras. Sólo dos palabras, pero cuánto significado para aquellos versados en el doble entendre. Toma, dame. Toma, dame. Toma dame, toma, dame, toma, dame. Arrghghg. Bajando la cabeza, circunspecto, me asomé al balcón del primer piso para tener una vista global de que se cocía en el sindicato aquella noche. Las luces, tenues, apenas iluminaban la zona de baile, con la mayor parte de la iluminación proporcionada por pantallas emitiendo imágenes de parejas homosexuales intercambiando arrumacos y besos, sin llegar a ser indecente. Desde luego, si lo que pretendía era aumentar mi sensibilidad o concepción de la población homosexual, no lo consiguió, mi indiferencia al respecto no se alteró lo más mínimo. Más tarde, animado por un par de cervezas, bailando con los compañeros, se me acercó un chaval con intenciones deshonestas. ¿Que son imaginaciones mías? Al igual que no me hace falta ayuda para ver que un plátano es un plátano, no me hacía falta ayuda para saber que algo en mi forma de bailar había atraído al chico aquél. Echaba de menos mi chapita roja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como pude, conseguí escaquearme la noche aquella, dándole vueltas a la cabeza a lo que había sucedido. Según me comentaron más adelante amigos del aquél chico, gay lo que se dice gay, no es que fuese 100% gay. Más bien que era aficionado del Real Madrid y del Atlético si vale la metáfora futbolística. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiestas y más fiestas aparte, el sindicato cumplía otras muchas funciones de apoyo a muchos estudiantes a los que la vida en un país completamente extranjero o personas a las que socializarse les resulta una barrera insalvable. El sindicato tenía una línea de teléfono abierta de nueve de la noche a nueve de la mañana, llamada, convenientemente, línea de la noche (Night Line), completamente anónima para todos aquellos que en algún momento de necesidad necesitasen hablar con alguien. Entre otros asuntos, el sindicato ofrecía servicios de consejería en una gran infinidad de temas desde racismo y discriminación sexual hasta temas de tipo financiero. Siempre me resultó intrigante qué tipo de personas o quién llamaría a la Night Line, pues todos el mundo al que yo conocí o tuve algo de contacto parecía “normal”, excepción hecha de “los raros”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sindicato estaba dirigido por un presidente y varios oficiales, dispuestos a tomarse un año sabático dedicados al enriquecimiento espiritual de sus militantes. Generalmente eran elegidos por el 9% de la población estudiantil que se molestaba en votar en este tipo de cosas, orgullosos de pertenecer a uno de los sindicatos de estudiantes con mayor participación electoral del país. El sindicato se autofinanciaba a través de los servicios (fiestas) y productos (generalmente cerveza) que ofrecía y era conducido a modo de ONG “en contra de la salud hepática, ahora y siempre, más cerveza”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que el sindicato no sea más que un bar barato pero, cuando a modo de intentar limpiar su imagen de fábrica de futuros clientes de Alcohólicos Anónimos el sindicato distribuyó un cuestionario titulado “¿Qué es para ti el Sindicato de Estudiantes?”, más del 80% de los encuestados respondió algo como, “un bar barato”. Pues eso. El problema radicaba en que, por todas sus buenas intenciones de consejería práctica, la organización de eventos como “La Regata de los 100 Hombres” no hacían mucho por alejar esa concepción de tugurio barato. La Regata de los 100 Hombres, de la que Warwick era la orgullosa vigente plusmarquista consistía en, como su propio nombre indica, en 100 hombres puestos en fila india cada uno con una pinta de cerveza en la mano. El objetivo era tardar el menor tiempo posible en, uno por uno, beberse la cerveza, con la condición de que el siguiente hombre no puede empezar a beber hasta que el anterior no se ha acabado la suya y levantado el vaso boca abajo por encima de su cabeza indicando que ha terminado. Lo de llamarlo regata supongo que será porque el movimiento de brazos de los “remeros” se parece de lejos al de los remeros de la vida real, pero como ya he dicho, la vida universitaria no es si no una parodia de la vida real. En los años que estuve allí, Warwick perdió el honor de ser la plusmarquista de tan prestigiosa regata, aunque al año siguiente recuperamos el título. No recuerdo la marca exacta, pero el número de minutos empleado en batir el récord era ridículamente bajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya he dicho antes, la vida en el campus universitario es una realidad desfasada y distorsionada en la que todo es bonito y perfecto, todo el mundo es simpático y agradable, todo el mundo quiere ser tu amigo, la bebida es barata y las chicas parecen perder gran parte de ese pudor que les impide acostarse con el primero que se lo pregunte. Es como si un día te levantases en un mundo feliz y perfecto, en el que tienes todo lo que quieres, todo con lo que alguna vez  has soñado, a cambio de que el cielo sea de color verde. No tiene importancia, pero el cielo es verde, y te persigue un sentimiento de que algo está mal, de que el cielo no debería ser verde. Como si uno pasease por una isla paradisíaca como Mikonos, donde todo el mundo es guapo, las chicas pasean sus cuerpos bronceados en minúsculos bikinis y los chicos exhiben sus cuerpos de gimnasio en bañadores marcando paquete. En un chiringuito de playa, la gente bebe y baila alegremente, divirtiéndose como si no hubiera un mañana, sin embargo, algo falla. De repente te das cuenta de que el chiringuito no es más que el sindicato de estudiantes redecorado, las chicas no están para nada bronceadas y a más de alguno le asoman los michelines. Algo falla.&lt;br /&gt;Para empezar, fallan las cabezas de los asistentes a tal evento. ¿Como se concibe ir en sandalias y envuelto en una toalla por toda prenda de abrigo en pleno mes de Noviembre en Inglaterra?. Yo no salía de mi asombro cuando, sorprendidos, la gente me miraba con esa cara de labios temblorosos, nariz goteante y ojos enrojecidos: “!Tengo los labios morados!”. En fin, quizá el más inteligente de todos sea el organizador de tal evento, pues imagino que la caja fruto del las ingentes cantidades de alcohol consumidas esa noche para entrar en calor serían, cuando menos, elevadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La distorsión de la realidad no se detiene en lugares o ambientes, no, se extiende hacia atrás en la línea temporal hasta la antigua Roma. Para celebrar la influencia de tan importante civilización, se organizó la fiesta de la toga. En el mes de Febrero. Así que, de nuevo, andar por el mundo cubierto con una sábana en pleno invierno se convierte en una de las mayores distracciones imaginables. Lo que pasa es que, como todo en esta vida, hay un truco para soportar el frío. El truco consiste en ir al pub más próximo antes de ir a la fiesta, cargarse de cuantas pintas de cerveza se puedan llevar en la mano a la vez, que por lo general son tres o cuatro y salir al jardín adyacente al pub. Una vez al fresco, las cervezas se depositan en una mesa y, alejado veinte pasos, se procede a rotar sobre el propio eje axial. Quiero decir, que uno se pone a dar vueltas sobre sí mismo y, justo antes de perder el equilibrio, cuidando de no caerse y romperse el obligo, se acerca a la mesa donde están las pintas y se bebe una de un trago. Yo encontraba esta actividad altamente entretenida y no me perdía la ocasión si podía evitarlo. De verdad que es una de las mejores noches y lo recomiendo encarecidamente. Las veces que más me divertía era en las que me quedaba sentado dentro del pub, junto al radiador, disfrutando mi cerveza, imbuido en mi jersey mientras cuatro gilipollas se dejaban los dientes contra la mesa, vestidos con una sábana a tres grados bajo cero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110841307731225473?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110841307731225473/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110841307731225473&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110841307731225473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110841307731225473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/02/x-el-sindicato-de-estudiantes.html' title='X. El Sindicato de Estudiantes'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110780893691632675</id><published>2005-02-07T20:41:00.000Z</published><updated>2005-02-07T20:42:16.916Z</updated><title type='text'>IX. Los Comedores y la Dieta</title><content type='html'>Como ya he indicado anteriormente, Hampton estaba equipada con una cocina completamente funcional, y la explicación es bien sencilla y completamente lógica, o eso a mí me parecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo del campus había varios comedores y restaurantes cada uno con su particular estilo, pero todos igual de funestos, que supuestamente abastecían todos los gustos y demandas que una población tan diversa como la de Warwick podía demandar del sector hostelero de la universidad. Antes de empezar a detallar como funcionaba el servicio de catering de la universidad, hay que explicar ciertas peculiaridades de Hampton. Hampton formaba parte del campus de Westwood, que estaba algo más alejado del campus central donde se encontraban las clases y la biblioteca que el resto de las residencias. Por tanto, para compensar por el esfuerzo de tener que andar diecisiete minutos a clase todos los días, la universidad había ideado un plan por el cual, el alquiler en Westwood era más caro, pero esa diferencia iba directamente a una tarjeta con la que se podía pagar en el comedor que había en esta parte del campus, con un descuento adicional del 10% sobre el precio marcado. Este sistema a mí me parecía bastante cómodo y fue uno de los motivos por los que me decidí a solicitar habitación en Westwood. Craso error. Lo cierto es que el comedor de Westwood era tan malo como el resto del campus, con la excepción hecha de que como ya estaba pagado, estaba obligado a comer allí o perdería el dinero que había en mi tarjeta.  Las dos primeras impresiones que guardo de mi primer desencuentro con el comedor fue que, inmediatamente después de cenar, Janice salió corriendo y vomitó la cena y yo aprendí que la valentía hay que dejarla en la puerta cuando se trata de comer. Recién llegado, con mis intenciones de convertirme en un renacentista del siglo XXI, un ciudadano del mundo, decidí probar el menú de la sección “platos típicos” del comedor. Y, por ser el primer día, el plato típico era el plato más castizo que uno se pueda imaginar y, lamentablemente, no hablo de los fish and chips. Por los fish and chips me hubiese cortado un dedo gordo del pie. Se trataba del kidney pie, pastel de riñones. Por el hecho de que fuesen riñones yo no tenía ningún problema, porque del cedo me gustan hasta los andares, pero fue pinchar el hojaldre del pastel infecto aquél y un hedor pestilente a orina inundó la mesa. Casi me quedo sin amigos el primer día. Abochornado por mi elección, me levanté, vacié el contenido de mi plato en una cubo de basura destinado a tal efecto y me contenté en cenar un sándwich de jamón y queso. Creo que fue ahí cuando se acentuó mi obsesión por los espagueti boloñesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cual me trae de lleno a otra de mis largas diatribas sobre los fenómenos que acontecían a mi alrededor, captados por mi natural suspicacia  y dotes de observación: la gastronomía inglesa. De la gastronomía inglesa lo único que puedo decir es que es imposible huir de ella. Personalmente, lo que más me impresionó fue el alto conocimiento en aceites que demostraban mis compañeros. Hay que decir que el pueblo sajón, al no haberse visto en contacto con la decadente Grecia de Alejandro o no haber estado tan inmersa en la deleznable civilización romana,  ha sabido mantener casi intacta su tradición de cocinar con sebos y grasas huyendo del aceite de oliva. Una rápida visita al supermercado revela una extensa gama sebos, grasas, aceites de coco, girasol, soja o “para cocinar” que sepa usted de que animal o vegetal vendrá eso.&lt;br /&gt;El desayuno es, sin lugar a dudas, la comida por excelencia del país. Su máxima expresión es el Desayuno Inglés Completo. El Desayuno Inglés Completo consta de: salchichas a la parrilla (preferentemente fritas en sebo para mayor efecto), un par de lonchas de beicon (frito en sebo, cómo no), un huevo frito (¿adivine en qué?), tostadas, una tostada frita (en la vida me he sentido más enfermo después de desayunar) alubias en tomate: las famosas baked beans, y champiñones rehogados. Ni que decir tiene que este tipo de desayuno es muy popular entre esos sectores de la economía que requieren la combustión de 10.000 calorías diarias o el sobrevivir a un bloque sólido de clases de 10 de la mañana a cinco de la tarde. Sin embargo y, sin lugar a dudas, la máxima expresión de la cocina inglesa es el breakfast porridge. El problema es que en estos días de globalización, las costumbres autóctonas se pierden, y cada vez queda menos gente que desayune estas deliciosas gachas de avena. Es de común acepción que el Imperio Británico se fundamentó en el espíritu aventurero de personajes como Henry Morgan, Robert Burns o Warren Hastings. En realidad yo creo que huían del porridge, y que seis meses en un barco apestoso sufriendo escorbuto y malaria era una experiencia más saludable que desayunar porridge todos los días. Algunos dirán que exagero.&lt;br /&gt;El plato típico es, por excelencia, el pescado con patatas, fish and chips para los bilingües. Bacalao, preferentemente, frito en sebo con patatas a punto de deshacerse todo ello envuelto en papel de envolver con forma de cucurucho. Cuanto más grasiento, mejor. La máxima expresión de este plato se considera cuando el pastiche de pescado y patatas viene envuelto en papel de periódico atrasado, previamente leído y manoseado por el cocinero. Las manchas de té del desayuno y miguitas de tostada en el periódico son opcionales. Y lo cierto, valga la redundancia, es que es verdad. Una noche nos acercamos a una tienda de Fish and Chips que había en el pueblo al lado del campus. Aún me acuerdo del nombre del antro aquél donde compramos el pescado con patatas: Torrington Bar. Y si no hubiese sido porque vi como delante de mi el gordo del bigote freía el pescado y las patatas delante de mi antes de meterlas en el cucurucho, juraría que que la pasta grasienta que me comí más tarde me recordaba más a un mal puré de patatas con tropezones que a un fish and chips. Casi podía oír el chirriar de mis arterias al atascarse de grasa a medida que nos comíamos el pescado con patatas de vuelta a la residencia. “Aún tengo dieciocho años” – no cesaba de repetirme a cada cucharada – “Aún no puede causarme daños permanentes”. &lt;br /&gt;Los maricones, directamente traducido, son unas salchichas de una carne sumamente suave al paladar enroscadas sobre sí mismas con forma de deposición canina. Otros platos- típicos son el Sheppard´s Pie (pastel del pastor) que no es más que carne picada con una capa de puré de patatas por encima; el Steak and Ale Pie, un hojaldre de ternera y cerveza; los Scotch Eggs, huevos duros rebozados; el Cornish Pasty, un hojaldre relleno de verduras y carne parecido a una empanadilla gorda; o mi postre favorito: Spotted Dick o, traducido literalmente, la polla con granos o para los educados que se lleven las manos a la cabeza, el pene con quistes sebáceos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo es el día del Señor en Inglaterra, y por ello, es el día que mejor se come. Cada pub, restaurante o antro que se precie anunciará a bombo y platillo en su menú el Sunday Roast, o asado del domingo. El asado del domingo consiste en un solo plato de ternera o cerdo con algo de relleno, zanahorias, judías, coliflor, un vasito de hojaldre donde se echa la salsa y patatas. De postre, Trickle and Custard Pudding, bizcocho borracho con natillas. El reto consiste en hacer un desayuno inglés completo por la mañana, Sunday Roast por la tarde y no morir de indigestión por la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los amantes de la comida picante, Inglaterra es el lugar ideal. El curry es la tercera industria del país, moviendo más dinero al año que el carbón o el acero. Los restaurantes indios son los lugares por excelencia para emborracharse, dado que el alto nivel de especias contenido en esos platos es la excusa perfecta para beberse un par de pares de litros de cerveza. En varias encuestas a nivel nacional, el pollo Tikka Massala fue votado como el plato favorito de la nación. En realidad, la cocina inglesa es tan pobre que cada pueblo o aldea, por pequeño que sea, tiene un restaurante chino, un restaurante indio y un fish and chips. Hay veces que el pueblo es tan pequeño que se da el caso que estos tres establecimientos se combinan en uno solo. El chino local o el indio local se han convertido en un elemento permanente de la cultura y sociedad británicas.   	&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es de extrañar pues, que todo el país esté poblado de todos y sin faltar ninguno de los establecimientos de comida rápida y comida basura que quepa imaginar, cualquiera de las multinacionales como McDonalds, Burguer King, TGI Fridays, Pizza Hut, Subway, Pret a Manger, Kentucky Fried Chicken y no sigo porque me canso se pueden hallar en cualquier ciudad de mediano tamaño.&lt;br /&gt;Es más, es tal el extremo en que este tipo de restaurantes está imbuido en la mentalidad británica que, dada la amplia oferta de restaurantes, el único en el que la cola se sale hasta la calle es Pizza Hut. ¿De verdad merece la pena hacer cola durante media hora un sábado a mediodía para comer en Pizza Hut?.&lt;br /&gt;Sin embargo, y seguro que no me equivoco, lo que en realidad triunfa en Inglaterra son los sandwiches prefabricados que se venden cortados en triángulos envueltos en un paquete de plástico. Combinaciones de ingredientes que ni el más retorcido de los científicos locos que han intentado apoderarse del mundo hubiera podido imaginar se pueden encontrar en cualquier supermercado, gasolinera o tienda de periódicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda esta larga explicación en cuanto a los hábitos culinarios británicos tiene un importante por qué. Una de las realidades de la universidad es que, generalmente, los comedores no son exactamente restaurantes de tres tenedores. De hecho, a veces los tenedores son de plástico. El gran problema para el estudiante reside, por tanto en la voluntad de los comedores en replicar a bajo coste y a grande escala la oferta gastronómica del mundo real, con el resultado de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Y cuando la realidad exterior a la universidad es de por sí pobre, el resultado es que más de una vez me fui de los comedores porque no había absolutamente nada que me apeteciese en lo más mínimo. Pongamos varios ejemplos, empezando por los días temáticos. Cuando resulta que el día temático era “Cocina Turca”, a veces me sentía especialmente valiente y me atrevía a probar lo que se ofreciese, pero cuando le tocó el turno al día de la “Cocina de Singapur”, y nueva y repentinamente estaba sufriendo un ataque de valentía gastronómica, vi a dos chicos de aspecto asiático señalando con el dedo y riéndose. Media vuelta. “Sunday Roast”, el problema es que el “Sunday Roast” tocaba los martes, pero bueno, haciendo un esfuerzo mental, uno se podía imaginar que era domingo, pero lo que no me podía imaginar por mucho que me esforzase era que aquella carne fuera de cerdo. Tenía más nervios que la carne de tercera. Lo que ya era imposible imaginar era que las zanahorias del asado fueran zanahorias para consumo humano. Más bien parecían zanahorias forrajeras para caballos que, aún supuestamente hervidas, aún estaban tiesas como la mojama, sin saber a mojama. Sin saber a nada, en realidad.&lt;br /&gt;Digamos que el comedor equivaldría a un restaurante más o menos elegante del mundo real. Luego estaba Air Fare. Air Fare era un hueco que quedaba en un muro y que luego aprovecharon para montar un chiringuito que hacía pizzas y hamburguesas, digamos un a mitad de caballo entre Pizza Hut y MacDonalds. El problema es que estamos hablando de 1998-2000 en plena crisis de las vacas locas. Luego estaba VIVA. VIVA era, supuestamente, un sitio de comida algo más saludable, de ahí el nombre hispánico, que le daba un carácter mediterráneo realmente auténtico. En realidad, VIVA eran cuatro mesas con sillas de metal y una gran nevera repleta de sándwiches cortados en triángulos envueltos en paquetes de plástico. Al final daba igual que sabores pidieses, todos sabían a plástico, así que yo iba siempre a por el más barato. La ventaja de este sitio es que uno de esos sándwiches alimentaba para tres días, porque repetían durante tres días, vamos, que me comía uno el martes, eructaba el viernes y aún me sabía a plástico.&lt;br /&gt;Mi comedor favorito era un grill en el sótano del sindicato de estudiantes que por 2,35 libras te daba derecho a una lata de bebida carbónica, un plato de plástico, un tenedor y un cuchillo de plástico, una servilleta de papel satinado que más que limpiar difuminaba las manchas a lo largo de la barbilla y una masa de carne de origen animal indeterminado acompañada de un revuelto de champiñones, baked beans y una serie de cosas fritas que me daba igual qué es lo que eran porque a o único que sabían era a frito. En atención a mi sistema circulatorio, sin embargo, restringía mis visitas a este lugar a una vez por semana, y aún así ya estaba empujando mi organismo hasta el límite.&lt;br /&gt;El mejor restaurante se llamaba EAT y estaba incluido en un complejo dentro del campus llamado Arts Centre, del que ya diré algo más adelante. La comida en EAT era aceptable para cualquier paladar, la comida estaba preparada como dictan los cánones, las ensaladas a tu gusto con aceite de oliva y vinos decentes de acompañamiento. El gran inconveniente era que, por las mismas razones, el sitio estaba repleto de profesores y resultaba un anticlímax cuando uno quería invitar a la cita de turno a una comida medianamente decente y había que pasarse el rato poniendo cara de gilipollas, sonriendo al saludar a los profesores.&lt;br /&gt;La comida y la dieta son parte integral de la vida de estudiante, sin embargo, en muchas situaciones, pasa de ser un motivo de placer a un motivo de supervivencia incluso con cierto grado de riesgo. Pero si la comida es parte fundamental de la vida de estudiante, la bebida no lo es menos. Lo es más.&lt;br /&gt;La cerveza es la bebida nacional por excelencia en todas sus variedades: ales, negras, tostadas, de trigo o rubias. Los ingleses son devotos de la cerveza, consumiéndola en cantidades ingentes, día y noche, no importa la hora del día, sólo los horarios de apertura y cierre de los bares. Los hombres la consumen en vasos de pinta (medio litro aproximadamente), y las mujeres también. &lt;br /&gt;El vino esta empezando a hacer su aparición en Inglaterra, sin embargo, todavía no controlan mucho el tema, consumiéndolo en las mismas cantidades que la cerveza, perdiendo el vino este toque de disntinción que guarda sobre la cerveza. Casi se diría que el vino es simplemente otra bebida alcohólica con la que emborracharse. De hecho, en el 100% de los pubs y bares, el vino se vende por botellas, o si se vende por copa, se incita a comprar la botella entera.&lt;br /&gt;Los licores son caros y por ley sólo sirven 125 ml. a la vez; y aunque existen los dobles y los triples, sin lugar a dudas, ofrecen la peor relación cantidad-precio, por tanto, yo me pido otra cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El té es la bebida nacional en sus diversas variantes: de desayuno, de noche, Earl Grey, descafeinado, al limón, melocotón, helado o en combinaciones de los anteriores. El té es consumido en cantidades ingentes, incluso durante el verano bajo la teoría de que en un día caluroso un té bien calentito ayuda a refrescar el cuerpo por dentro, cuando en realidad a mí lo que me va es refrescarme el cuerpo por fuera.&lt;br /&gt;Recuerdo que la kettle (artefacto de cocina para hervir agua rápidamente) no llegaba a enfriarse. Las clases más elegantes sirven el té en tetera, y la convención es que una tetera no es tetera hasta que es posible hacer té simplemente echando agua. La versión estudiante de esta práctica fue protagonizada por un chico llamado John. Cada uno teníamos más o menos, un plato, un cubierto y una taza. La taza de John tenía tantos posos que se podía leer el futuro de media universidad. Un día, las chicas, con el fin, supongo, de congraciarse con el muchacho, pensaron que le harían un favor lavándole la taza, que resulta que por dentro era blanca. El enfando de John fue monumental. “Las cosas de los demás no se tocan, a quién le he pedido yo que me lave la taza, ¿acaso te lavo yo tus tazas?”, etcétera etcétera.&lt;br /&gt;En el otro lado del ring tenemos el café. El café, simplemente, es malo. Espresso, Doble Espresso, Moka, Latte, Machiato, Capuccino, Frappé, Frapuccino, de filtro, todos, sin excepción, son malos. Y aún así a lo largo de Inglaterra, cadenas de cafeterías han conseguido proliferar: Costa, Starbucks, Pret a Manger, Coffee Republica, Café Nero, que van de malas a aceptables. Lo curioso es que toda cafetería que se precie tiene una máquina de moler granos de café, en la que se ven los granos de entrar por arriba y el café salir por abajo. En mi opinión, el problema reside en que el concepto de café es más parecido al de un batido sabor a café que al de un café en sí mismo. El concepto de café con leche es más parecido al de leche con café que a otra cosa. Un Latte (café con leche) se trata de un chupito de café y un vaso de leche, y como encima luego viene por tamaños, es más fácil añadir más leche que añadir más café. Mi otro gran problema es que en ciertas cafeterías, literalmente, había un manual de instrucciones para pedir un café, lo cual nunca he llegado a asimilar. Uno no pide un café con leche. Al pedir un café con leche hay que especificar, y por este orden: cantidad de chupitos de café, tamaño, tipo de leche, temperatura del agua, tipo de café. Los cafés vienen presentados en distintos envases cada uno con sus características peculiares y distinguibles. En primer lugar encontramos el vasito de plástico, imposible de sostener con la mano sin sufrir quemaduras de tercer grado. En vasos de corcho blanco, eliminando el riesgo de quemadura en la mano, con la peculiaridad de que el corcho blanco guarda mucho el calor por dentro, generando una alta probabilidad de escaldarse el esófago. En taza, con el inconveniente de que muchas veces se puede ver el fondo de la taza de clarito que es el café. Y finalmente, en jarrita o taza de barro, probablemente la mejor de las soluciones, pero nunca, nunca, viene el café servido en vaso de cristal o en tacita.&lt;br /&gt;Lo cual me trae a mi última cuestión acerca del té y el café. ¿Por qué el té es la bebida nacional cuando en el resto de Europa es el consumo de café el que está mas extendido?. La solución la halle en el libro de Niall Ferguson “Empire, How Britain Made the Modern World”. Los ingleses tienen fama de ser un poco usureros con su dinero y una vez más, la única razón por la que el consumo de té se extendió a lo largo del Imperio fue debido a que los impuestos grabados en el té eran menos que los grabados en el café. De hecho, el 94% del café importando del Nuevo Mundo era re-exportado al resto de Europa. Fue tal la aceptación del té que alrededor de 1658, Thomas Garraway publicaba un artículo en el que describía las propiedades beneficiosas del té, según Garraway, el té podía curar “dolores de cabeza, cálculos… escorbuto, soñolencia, pérdida de memoria, sueños pesados, y cólicos”. Más recientemente, ya en el siglo XXI, una encuesta en Gran Bretaña encontró que un cierto porcentaje de la población adolescente reconocía las propiedades anticonceptivas del té tras haber practicado el sexo.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110780893691632675?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110780893691632675/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110780893691632675&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110780893691632675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110780893691632675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/02/ix-los-comedores-y-la-dieta.html' title='IX. Los Comedores y la Dieta'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110737754833795091</id><published>2005-02-02T20:52:00.000Z</published><updated>2005-02-02T20:52:28.336Z</updated><title type='text'>VIII. Vida Social en Hampton</title><content type='html'>En mi inocencia y desconocimiento, cuando llegué a la universidad, llevaba en la cabeza la idea de que los siguientes años de mi vida serían años dedicados al conocimiento y aprendizaje, a una vida monacal y asceta, en la que andar por los pasillos de la residencia resultaría una experiencia cuasi-epifánica. Llegar por la noche después de un día completo de estudio en la biblioteca, clases y más clases, y llegar a Hampton, esperando ver los pasillos oscuros, con las puertas de las habitaciones entornadas, un breve destello de luz asomando por debajo, indicando que su ocupante se hallaba absorto en las lecturas de Kant,  o intentando demostrar el teorema de Lagrange o escribiendo un complicado ensayo acerca de los juegos de azar en el imperio romano. De alguna extraña y macabra manera, esta visión, esta idea de lo que sería la universidad me atraía y ofrecía cierto encanto. La realidad era bien distinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, parece ser que había una competición a ver quién ponía la música más alta. Las puertas de las habitaciones estaban siempre abiertas y a la más mínima ocasión, sin preocuparse de encontrar una excusa mínimamente creíble, los compañeros entraban en la habitación para compartir una taza de café o simplemente hablar acerca de lo primero que les pasase por la cabeza. Uno de los temas de conversación preferidos eran los pósters que adornaban las paredes del dormitorio de cada uno. Las estudiantes de sociología y psicología, especialmente, derivaban un cierto placer oculto en psicoanalizar a cada persona basándose en los pósters. En mi caso la verdad que resultaba algo complicado. Los “Monjes Subiendo y Bajando Escaleras” Escher, “El Grito” de Münch, una rana verde de ojos naranja y un póster de un fantasma cadavérico colgaban consiguieron que a nadie le agradase particularmente sentarse en mi cuarto a hablar. Lo cual no me causó ningún trauma. &lt;br /&gt;Había una especie de regla no escrita en la que, por necesidad, uno tenía que ser simpático y llevarse bien con todo el mundo, lo cual es una de las grandes falacias de nuestra sociedad. Resulta que si un día lo que me apetecía era quedarme en mi dormitorio leyendo o estudiando por la noche, me tachaban de antisocial e inadaptado, cuando en realidad toda esa falsa amabilidad lo único que generaba era tensión y una supuesta dependencia de los compañeros en la que casi estaba prohibido relacionarse con gente del exterior. Todo esto, en realidad, venía generado por ciertas estudiantes de sociología, feministas vegetarianas y de izquierdas que además se las daban de top model, pues, según me enteré, habían hecho un pacto entre ellas para no salir con ningún chico de la residencia para que no enfriase las relaciones entre ellas. Todo esto no contribuía sino a una pérdida de intimidad que a mí personalmente me resultaba especialmente fastidiosa. Recuerdo una noche que había conseguido persuadir a una chica de clase en quedar para ir a cenar y ya veríamos qué después. La chica en cuestión se llamaba Cristina, era alemana, rubia con ojos azules, grandes carrillos y un más grande aún acento que me resultaba bastante excitante intelectualmente. La verdad es que después de meses rodeado de sociólogas vegetarianas, encontrar una chica con la que discutir las novelas de Hesse casi me pareció un orgasmo intelectual. Así que allí estaba yo, mi ego por las nubes después de no ser rechazado por Cristina, vistiéndome con mis mejores galas, unos pantalones azules y una camisa amarilla que se me antojaba me quedaba muy bien. Y mientras me afeitaba y me ponía colonia allí tenía a las feministas de turno intentando sonsacarme todos los detalles y resultando bastante molestas en general. Aquella cita me confirmó mi total incompetencia en mis tratos con el sexo opuesto. Después de la cena (durante la cual conseguí mantener una conversación todo el tiempo), Cristina accedió a dar un paseo conmigo a la luz de la luna alrededor del lago que había en el campus. Yo pensaba que la cosa iba bien, porque en mi cabeza esto era verde y con asas. Y allí tumbados en el césped bajo las estrellas, hablando se nos fue el tiempo sin que pasase nada de nada. “Bueno”, pensé yo, “a lo mejor la convenzo de que se venga conmigo a mi cuarto”. Y efectivamente, accedió y nos volvimos a mi cuarto en la residencia. Gracias a Dios las feministas habían salido aquella noche y el único que quedaba por allí era Pietro. Después de un té de hierbas bastante exótico en la cocina con Pietro y varios minutos de conversación, Cristina y yo nos fuimos a mi cuarto. Y allí sentados en la cama, contándole historias de mi Granada natal, nuevamente se nos fue pasando el tiempo hasta que se nos hizo tarde. Yo me preguntaba “¿cuánta gente sale con una chica, la lleva a cenar, dan un paseo por el lago, vuelven al cuarto de uno de ellos y consiguen no practicar el sexo?”. Debo pertenecer a esa minoría de uno. &lt;br /&gt;Después de tan desolador desenlace, seguí hablando con Cristina, pero perdí la esperanza en el sexo opuesto y me concentré en el estudio, que aún requiriendo la misma concentración y esfuerzo con alta probabilidad de obtener los mismo nulos resultados, al menos me ahorraba saliva y el ser simpático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro punto fuerte de la vida en comunidad en la residencia era la televisión. Resulta que en Inglaterra hay un impuesto muy curioso que consiste en pagar del orden de 110 libras por el simple hecho de tener una televisión, y como la economía de muchos no estaba para esos excesos, se acordó alquilar una televisión y un vídeo entre todos, ignorantes de los complicado que es poner de acuerdo a 75 personas en torno a una sola televisión. Para mi asombro, resultó mucho más fácil de lo que me esperaba. Había dos programas en particular que eran infalibles: Los Simpsons y Neighbours. &lt;br /&gt;Si no has visto nunca en tu vida un episodio de Los Simpsons o no has oído hablar de ellos, es que acabas de aterrizar de otro planeta. Cada día, a las seis de la tarde, se juntaban en el reducido salón (o, en su denominación más apropiada, el cuarto comunitario) unas cincuenta personas para ver Los Simpsons. Era curioso ver como todo el mundo organizaba su horario de cena en torno a Los Simpsons. &lt;br /&gt;Neighbours era harina de otro costal. Neighbours es un culebrón australiano que lleva en emisión más de doce años y del que no debe quedar nadie del casting original. Artistas como Jason Dovonan y Kylie Minogue se hicieron famosos en Neighbours. Neighbours se emitía a las doce y media y luego se repetía  las cinco de la tarde dándole la oportunidad de verlo a aquellos que se lo habían perdido por la mañana. Más de uno lo veía las dos veces. El atractivo de Neighbours, deduje, era que al estar ambientado en Australia, donde el tiempo es siempre cálido, abundaba en escenas de chicas guapas en bikini y tíos cachas y guapetes sin camiseta. Porque desde luego, no sería por su guión (i)rrealista por lo que la gente lo encontraba interesante. Mi teoría respecto a Neighbours era que si me había perdido los primeros once años de la serie, no tenía ningún sentido intentar ponerme al día. &lt;br /&gt;La mayor fuente de conflicto la causaban las Nintendo64. Por mucho que me entusiasmasen los videojuegos y por lo mucho que disfrutase en derrotar al 99% de los compañeros al Super Mario Kart, entendía que desde una perspectiva de igualdad social y distribución del bien común, el hecho seguía siendo que a la Nintendo64 sólo podían jugar cuatro a la vez, mientras que Los Simpsons lo podía ver cincuenta al mismo tiempo, de modo se acordó que el orden de prioridades sería televisión, vídeo, Nintendo64. Lo cual, a pesar de estar respaldado de completa lógica, daba lugar a abusos del sistema por individuos fascistas que abusaban de su posición de privilegio al imponer su criterio. Un ejemplo, allí estábamos cuatro a las tres de la tarde, sin nadie alrededor, perdiendo el tiempo con los videojuegos en vez de estar estudiando, gritando palabrotas e insultos como carreteros contra los otros cuando en esto entra una chica en el salón diciendo que le apetece ver la tele. “¿Pero ver el qué?” le preguntamos. “Me da igual, lo que haya, que algo habrá”. A eso me refiero. &lt;br /&gt;Otro de los atractivos de tener un vídeo es que se podían montar noches o fines de semana temáticos si se anunciaban con suficiente antelación. Así, cuando nos hicimos con una copia pirata de “La Guerra de las Galaxias: La Amenaza Fantasma”, nos tragamos sin parar para tomar aire la trilogía de La Guerra de las Galaxias antes de disfrutar de nuestro tesoro ilícitamente obtenido. &lt;br /&gt;Otro fin de semana temático muy popular entre las chicas especialmente era el de tragarse todos los episodios de Friends empezando un viernes a las cuatro de la tarde y acabando un domingo a la una de la mañana. &lt;br /&gt;El último fin de semana temático de mayor aceptación fue el de los Monty Python. La Vida de Bryan, El Sentido de la Vida, Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, The Monty Python Flying Circus, la verdad es que después de ver todo eso me parecía como si mi edad mental retrocediese algo más de un par de años. &lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110737754833795091?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110737754833795091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110737754833795091&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110737754833795091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110737754833795091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/02/viii-vida-social-en-hampton.html' title='VIII. Vida Social en Hampton'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110728807102111001</id><published>2005-02-01T20:00:00.000Z</published><updated>2005-02-01T20:01:11.023Z</updated><title type='text'>VII. Raros</title><content type='html'>Acabada mi educación y echando la vista atrás, me doy cuenta de un curioso fenómeno que me pasaba desapercibido en su momento. En cada clase en la que me encontraba, en cada residencia en la que viví, siempre, entre los compañeros, infaltable, había un raro, eso que la gente llama “un tío raro”.&lt;br /&gt;En mi primer año había un par, pero Michael se llevaba la palma. En esencia, Michael era “un tío raro”. Era pelirrojo, con el pelo lacio, ojos pequeños, gafas de cristales gordos y tez cetrina. Siempre andaba encorvado, con las manos escondidas dentro de las mangas y mirando al suelo por si se encontraba algún billete, supongo. Michael nunca hablaba con nadie y se pasaba los días encerrado en su cuarto jugando con el ordenador. Nadie sabía nada acerca de Michael hasta que pasados cuatro o cinco meses descubrimos cuál era su único interés: las películas de terror. Y eso sólo aumentó las reticencias que las chicas le tenían al chaval. En fin, que le vamos a hacer, en un intento de atraer a Michael hacia el sentimiento de sentirse parte de un grupo social, se me ocurrió invitarle a venir conmigo al cine para estudiantes de la universidad cada vez que iba a ver una película de terror. Lo admito, nunca, nunca, de todas las veces que fui con Michael a la sesión de media noche a ver películas de terror fui solo con el y, aún así, no me sentía del todo cómodo. En el espacio de un par de meses creo vimos Psicosis, La Noche de los Muertos Vivientes, Halloween, El Exorcista y algún que otro clásico por el estilo. El paseo de vuelta a la residencia por camino que transcurría entre los campos de fútbol, el cuarto de calderas que abastecía a toda la universidad y los párkings se me hacía interminable en las noches de niebla. Al final me di por vencido con Michael y acepté que se trataba de un “tío muy raro”. En todos nuestros paseos tan sólo conseguí arrancar de sus labios un chiste, que encima era malo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo “tío raro” hizo aparición estelar en el tercer año y según creo recordar, también se llamaba Michael y también era pelirrojo. Intrínsecamente, no había nada raro con Michael II. Era su risa. Cuando el pobre hombre se reía, nos echábamos a temblar y encogíamos el estómago. Siempre, siempre le acababa saliendo un gruñido de cerdo. Pero eso no era lo peor, podría haber vivido con eso. El problema residía en que, irremisiblemente, al gruñido porcino le seguían unos estertores y, de vez en cuando un escupitajo. Se ve que al buen hombre al soltar el gruñido le bajaban los mocos a la garganta y el mamoncete no tenía la dignidad de comérselos como hace todo el mundo. En resumen, una asquerosidad. Lo cual era un anticlímax, porque nadie se atrevía a contar chistes o soltar alguna gilipollez en su presencia. Nuevamente, se decidió formar un comité para hacerle a entender al chaval que reírse está muy bien y hasta es sano, pero en su caso no le iba a hacer ningún bien en sus relaciones sociales. El problema es que no nos dio oportunidad o, al menos, no me dio oportunidad. Allí estaba yo en la cocina, sin meterme con nadie, aplicado a mis espagueti boloñesa cuando alguien soltó alguna coña marinera en presencia de Michael II. Ni que decir tiene, que cuando uno tiene la boca llena de espagueti boloñesa, lo último que le hace falta es algún gracioso contándole chistes a Michael II. La escena que siguió delante de mi fue la anteriormente descrita con escupitajo incluido en el fregadero. Yo ya no pude más. Me levanté con el tomate cayéndome por la comisura de los labios y empecé a pegarle voces al pobre desgraciado aquél:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	“For fac seic, wul llu stop duin dat?” (¿Te importaría no hacer eso, por favor?).&lt;br /&gt;	“Duin güot?” (¿el qué?).&lt;br /&gt;	“Don gifmi dat shit, yu faquin asjol, yu nou güot ai min” (No te hagas el despistado, ya sabes a &lt;br /&gt;	lo que me refiero).&lt;br /&gt;	“I don nou güot yu min” (No sé que a te refieres).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se daba por el aludido el hideputilla. Me di por vencido, me limpié con la mano los restillos de carne picada que se me habían escapado mientras educadamente le pedía a Michael II que dejase de ser un guarro, recogí mis cosas y me fui. Desde aquel día no entraba en la cocina si Michael II rondaba por allí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta es la triste historia de estos “tíos raros”. En primero de carrera todo es fácil y sencillo, la universidad te garantiza una habitación en el campus y uno goza de más compañía de la que quisiera en la residencia. Pero en segundo, uno tiene que buscarse las habichuelas por su cuenta. Empieza el complicado juego de encontrar dos o tres personas con las que compartir casa, y una cosa muy distinta es ser amigo de alguien y otra muy distinta es vivir con ese alguien. Triste y desgraciadamente, ¿quién quiere vivir con los tíos raros?.  Yo no culpo a nadie. ¿quién tiene ganas de vivir con un psicópata en potencia aficionado a las películas de terror o un humanoporcino? Pues yo no. Hay que decir de tripas corazón cuando los “tíos raros” se te acercan preguntándote si te gustaría vivir con ellos, y cuando lo que te pide el cuerpo es decirle: “Pues mira no, no me apetece vivir con un liendroso casposo” o “Pues mira no, no me apetece vivir con un tío que cuando le veo reírse me entran ganas de dejar de cenar”, uno tiene que hacer de tripas corazón y mentir como si la vida le fuera en ello (o cuando menos las sábanas o los espagueti boloñesa) y decir: “No, lo siento, ya me he comprometido con otra gente y la casa esta llena”.&lt;br /&gt;La verdad es que casi resulta cruel el decirle a esta gente que no quieres vivir con ellos, pero hoy en día y dado como funciona el mundo, hay que hacer un esfuerzo para oler bien y cuidar la higiene personal hasta alcanzar el mínimo social aceptable, y aquí nadie me va a quitar la razón.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110728807102111001?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110728807102111001/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110728807102111001&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110728807102111001'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110728807102111001'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/02/vii-raros.html' title='VII. Raros'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110710683973480195</id><published>2005-01-30T17:39:00.000Z</published><updated>2005-01-30T17:40:39.733Z</updated><title type='text'>VI. Los Compañeros de Residencia</title><content type='html'>Desde que Inglaterra perdiera/abandonara todas sus colonias, las islas británicas se ha convertido en un hervidero de culturas y gentes venidas de todos los puntos del planeta conocidos.&lt;br /&gt;Y Londres es el máximo exponente. Indios, árabes, británicos, europeos y asiáticos, conviven en la que es un una sociedad terriblemente pacifica y tranquila para la cantidad de problemas de xenofobia y racismo que cabría esperar. Como no podía ser menos, las universidades son los lugares donde esta diversidad multiracial más se aprecia. Warwick contaba con un cóctel de nacionalidades absolutamente explosivo, entre mis compañeros de clase y residencia entablé relación con personas venidas de: Gales, Escocia, Isla de Man, Nigeria, Kenya, Holanda, Dinamarca, Alemania, China, Tailandia, Hong-Kong, Vietnam, Japón,  Singapur, Malasia, Isla Mauricio, Grecia, Chipre, Hungría, Polonia, Irak, India, Dubai, Israel, Noruega, Suiza, Rusia, Sri-Lanka, Estados Unidos, Méjico, Brasil, Italia y Costa Rica. De toda esta mezcla saqué tres conclusiones inapelables:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1)	La política y la religión son un cuento y, al final de cuentas, cuando uno tiene dieciocho años sólo tiene dos ideas en la cabeza: sobrevivir a la resaca de la noche anterior y practicar la mayor cantidad de sexo posible. Alguno(a)s sólo tenían una de estas dos ideas.&lt;br /&gt;2)	La mayor parte del intercambio cultural que se produce se centra en el aprendizaje de las distintas formas de abuso verbal que cada idioma ofrece. &lt;br /&gt;3)	La oferta culinaria se multiplica a menos que uno sea cuidadoso. Sobre todo si le gusta la comida china. En cuatro años no conocí un chino(a) que no supiese cocinar de maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tal modo, con mi cara de paleto andaluz recién salido del cortijo, curioso y ansioso por explorar el ecléctico mundo que se abría ante mí, me dispuse a entablar conversación con tres chicas de aspecto asiático que estaban sentadas juntas en la cocina. Confiado, seguro de mi mismo, educado en colegios de pago, le pregunté a la primera:&lt;br /&gt;	“So yu can fron chaina, jao interestin?”. (¿Así que vienes de China?, que interesnate).&lt;br /&gt;Emily, así se llamaba, me contestó con un acento americano bastante fuerte que me pilló totalmente por sorpresa:&lt;br /&gt;“Nooo, aiim from Califournia”. (No, soy de California )&lt;br /&gt;Una vez repuesto del primer shock, mi intuición no podía fallar dos veces seguidas, así que le pregunte a la segunda: &lt;br /&gt;“Bat yu can from chaina, yia?”. (¿Pero tú si eres de China, verdad?)&lt;br /&gt;“Nou, I cam from Landon”. (No, soy de Londres).&lt;br /&gt;Confuso, le pregunté a la tercera, casi con sorna&lt;br /&gt;“An yu, güer du yu can fron?”.  (¿Y tú, de donde vienes?)&lt;br /&gt;“From Chaina, cant yu tell?” (De China, ¿es que no se nota?&lt;br /&gt;Fue ese día cuando aprendí lo peligroso de extraer conclusiones demasiado rápido.&lt;br /&gt;Sin embargo, estas tres asiáticas, Emily, Janice y Xixi resultarían ser mi salvación gastronómica en tiempos de escasez y necesidad. O simplemente cuando me daba por auto invitarme, que era bastante a menudo. Se ve que no habían visto muchos españoles simpáticos y dicharacheros como yo, o que viniendo de donde vienen, nunca habían visto a nadie con una nariz tan grande como la mía. Honestamente, a mí me daba igual mientras tuviese delante un plato de arroz con carne y verduras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya he hablado brevemente de Pietro, el chico napolitano con el que me cambiaba las sábanas. El núcleo mediterráneo de la residencia lo formábamos Pietro; Eric, un hispano-suizo, y servidor. Durante las primeras semanas, había personas que los tres éramos homosexuales, por el simple hecho de que no nos daba ningún reparo expresar nuestra amistad a través de abrazos y las normales palmadas en la espalda, etc. Quizá esa mis concepción se viese alentada por el hecho de un par de noches nos quedamos los tres en la habitación de Pietro despiertos toda la noche, bebiendo vino y fumando, lo cual sí que admito que quizá pudiese resultar algo más sospechoso, pero tampoco era algo fuera de lo común.&lt;br /&gt;Y es que, por norma general, y comenzando desde niños, existe la norma no escrita de que los hombres, por decirlo de algún modo, han de ser muy hombres, y las mujeres muy mujeres. Y me explico. A un hombre le tienen que gustar cosas de hombres, por ejemplo, ver películas violentas o la inmensidad de programas de contenido sexual que ofrece la televisión inglesa. A un hombre le tienen que gustar sobremanera los coches, hasta el punto de que no hay mayor distracción para los jóvenes que sentarse por los domingos por la mañana delante del televisor a ver la formula 1 o seguir con pasión los campeonatos de rallies, incluso si hace falta quedarse despierto hasta las cuatro de la mañana para ello. Un hombre, por supuesto, evita el contacto físico con sus amigos, el abrazo no existe ni tampoco, por supuesto, la palmada en la espalda o tocar a un amigo en cualquier punto del cuerpo. Un hombre, en definitiva, es un hombre, y no debe dar lugar a ninguna duda de su sexualidad, cualquiera que sea la situación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación estaba el núcleo duro de ingleses puros y duros y, he de decir, estos no han cambiado mucho durante los años. Los más descuidados en cuanto a higiene personal y en general, eran los ingleses, digamos, tradicionales. Los ingleses de pasaporte pero de origen hindú o escandinavo, por el contrario, le tenía más aprecio al jabón de ducha y al desodorante.  Rondaba por la residencia un chaval llamado Greg, al que, para facilitar las cosas, le llamaremos por su equivalente españos, Gregorio que, feo está decirlo, era un guarro. Su compañero de habitación se llamaba Paul, y aunque siga estando feo decirlo, era otro guarro. La prueba de ello era que el cuarto de estos dos muchachos apestaba, literalmente. A fuerza de no abrir la ventana con la excusa del frío, de tener la calefacción a tope y de no ducharse, pues está claro. Dato: nadie, repito, nadie, vio en todo el año a Grez llevar su ropa sucia a la lavandería. Hasta tal punto que, a mediados del año, a Gregorio le salieron unas marcas en la piel que los médicos se temían pudiera ser meningitis. Lo que resultó ser era una falta de esponja y jabón que hasta las liendres tenían asco. Me reitero en el hecho de que no estoy exagerando. Una noche, el pobre hombre, roto el corazón al haber sido rechazado por una chica  (¿hay alguien que se sorprenda?), se medio sentó/tumbó en la cama de Pietro una tarde noche para un poco de terapia y allí los dejé antes de irme a la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que mi italiano no da para mucho. Pero cuando a eso de la una de mañana me despertaron unos gritos desgarrados me llevé un buen susto. En pijama, con los ojos pegados por las legañas, me asomé la cabeza al pasillo a investigar cuál era el motivo de tan terribles lamentos. En esto, vi salir a Pietro de su habitación con las sábanas en la mano, diciendo no se qué de un culo y un cazo, al tiempo que las tiraba al suelo de muy malas maneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	“Güot japens?”  (¿qué pasa?), le pregunté a Pietro, un tanto preocupado.&lt;br /&gt;	“ Dat faquin asjol, son ofa bich (Ese picaronzuelo de mala cuna), me contestó.&lt;br /&gt;	“Bat güots ap?” (¿pero qué pasa?), insistí.&lt;br /&gt;	“Dat bladi idit jas infested mai bed güiz nits” (ese bribonzuelo me ha llenado la cama de nits).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Nits?. Mira, había aquí una palabra nueva que no me sabía. Al principio costaba comprender que es lo que estaba pasando, pero al ver cómo Pietro se rascaba sin parar y el hecho de las sábanas estuvieran en el suelo medio me daba a entender que significaba eso de nits. En mi ansia de conocimiento, eché mano del diccionario en mi cuarto y me puse a buscar. La bombilla se me encendió en seguida. Nits son los piojones. Piojos como leones, quiero decir. Al parecer, las piojones de Gregorio habían intentado huir en busca de mejor fortuna y lugares más salubres como ratas en un naufragio a la menor oportunidad, buscando cobijo en la cama de Pietro. Y claro, cuando Pietro fue a acostarse, lo tomaron como una intrusión en su recién encontrado nuevo hábitat y presentaron férrea oposición por las sábanas. La lucha debió ser terrible, peor al final Pietro consiguió doblegar a los piojones tras cruenta batalla y expulsarlos de la cama. &lt;br /&gt;Tras tan funesto incidente, se organizó un comité para, de la forma más sutil y políticamente correcta, explicarle a Gregorio las propiedades beneficiosas de ducharse con jabón de vez en cuando, no tiene por qué ser todos los días, pero al menos de vez en cuando. El hecho es que el muchacho no se lo tomó muy bien y creo que en venganza por la ofensa decidió ducharse menos aún. Seguimos sin verle lavar la ropa en todo el año, pero yo creo que había llegado el punto en el que unos milímetros de mugre más a o menos no se notaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, el equivalente femenino es parecido. Es una triste realidad de la sociedad en la que vivimos, en la que hombres y mujeres son juzgados por distintos parámetros. Así, por ejemplo, sin un chico se acostaba con cuatro chicas diferentes en una semana, era un machote respetado por toda la residencia, mientras que si una chica se acostaba con cuatro chicos distintos en una semana, era una tal y una cual. Y mira por dónde, en la residencia teníamos un exponente de cada uno. &lt;br /&gt;Sam era un chico de Sri Lanka en su último año, bastante estudioso y muy  a la moda, muy metrosexual, que se dice hoy en día, y debía de manejar un técnica secreta o algo por el estilo, pues la cantidad de chicas que vimos entrar y salir en su habitación durante el año que coincidimos fue asombroso. Por el otro lado estaba Gemma, alias “la bicicleta”, y es que todo el mundo se montaba en ella. Conclusión, Sam era el chaval con el que querías que la gente te asociase y te viese hablando (con un poco de suerte pensando que estábamos intercambiando técnicas), y Gemma era la chica con la que querías que la gente no te asociase.  A quien aquí suscribe nunca le gustaron las bicicletas de alquiler, sobre todo cuando son feas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres han de ser muy mujeres, con todo lo que ello conlleva. La supuesta liberación de la mujer de finales del siglo XX ha impulsado la aparición de legiones de Spice Girls de bajo presupuesto que en el proceso han abandonado toda feminidad. Y llámenme machista, pero personalmente, no encuentro nada atractivo en una mujer bebiéndose una pinta de un solo trago. Y no tengo nada en contra de una mujer exhibiendo sus encantos, oiga, yo encantado. Pero con estilo, por favor, pero debe ser una palabra que se ha debido de caer del diccionario en su última edición. Las mujeres, pues, han de ser atrevidas, incluso descaradas. Los ingleses incluso han desarrollado un vocablo peyorativo para referirse a este tipo de mujeres, “tart” las llaman.&lt;br /&gt;Obviamente, esto es una generalización, pero lo general está más extendido que lo excepcional, así que la probabilidad de encontrarse lo arriba descrito en Inglaterra es bastante alta. Había en Coventry unos multicines a los que me gustaba ir en un complejo de entretenimiento llamado Sky Dome. El Sky Dome estaba formado por los multicines, distintos restaurantes y un par de discotecas. A mí se me rompía el corazón cuando al salir del cine veía a las madres jóvenes en sus treinta y pocos vestidas con una bufanda y un cinturón a las que se les veían las bragas por el escote, borrachas, haciendo cola para entrar en la discoteca. Quizás el pensamiento más descorazonador era el saber que, en algún recóndito callejón de mi cerebro se encontraba la seguridad de que sus maridos estaban en algún pub emborrachándose con sus amigos mientras sus hijos veían televisión en casa.&lt;br /&gt;Y para que nadie me pueda echar en cara que esto son invenciones mías, aquí van unos datos de la Office for National Statistics, el equivalente a nuestro INE en un estudio sobre el consumo de alcohol en Inglaterra publicado en Marzo de 2004:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Entre 1970 y 2000, el número de hombres entre 25 y 34 años muertos por enfermedades crónicas del hígado se multiplicó en 4.25 veces.&lt;br /&gt;	Entre 1970 y 2000, el número de mujeres entre 25 y 34 años muertas por enfermedades crónicas del hígado se multiplicó en 8.57 veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para que no quede dudas, aún hay más. Los resultados de la encuesta Living in Britain 2002 señaló un ligero aumento en el consumo de alcohol por semana en los hombres, mientras que para las mujeres entre 16 y 24 años, el consumo del alcohol se multiplicó por dos.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110710683973480195?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110710683973480195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110710683973480195&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110710683973480195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110710683973480195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/vi-los-compaeros-de-residencia.html' title='VI. Los Compañeros de Residencia'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110693610633850986</id><published>2005-01-28T18:13:00.000Z</published><updated>2005-01-30T17:41:36.683Z</updated><title type='text'>V. Las Limpiadoras</title><content type='html'>Aún no he empezado a hablar de las limpiadoras, y eso merece un capítulo aparte.&lt;br /&gt;Si algo estaba claro acerca de las limpiadoras de la residencia, es que fumaban. Limpiar lo que se dice limpiar, no estoy tan seguro, pero fumar, fumaban. A grandes rasos, su plan del día era: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;09:00 de la mañana	Entrada&lt;br /&gt;09:01 de la mañana	Cigarro para coger fuerzas&lt;br /&gt;09:30 de la mañana	Limpiar la cocina (con paciencia)&lt;br /&gt;10:20 de la mañana	Cigarro de descanso&lt;br /&gt;11:30 de la mañana	Limpiar habitaciones (25)&lt;br /&gt;12:15 de la tarde	Cigarro de descanso y almuerzo&lt;br /&gt;13:45 de la tarde	Cigarro de después de comer&lt;br /&gt;14:00 de la tarde	Comienzo de las horas extra&lt;br /&gt;14:01 de la tarde	Taza de té y cigarro en el salón&lt;br /&gt;15:30 de la tarde	Fin del día&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y como el sibaritismo alcanza a todas las personas y porque a nadie le amarga un dulce, un par de veces las pillamos in fraganti fumando en el cuarto de una chica llamada Lianne. Lo cierto es que su cuarto estaba muy bien decorado y era muy agradable, y supongo que se encontrarían más a gusto que fuera del edificio bajo la lluvia. Al final, tanto les podía el vicio que consiguieron convencer al servicio de acomodación de la universidad para transformase un cuarto para la plancha que había en el último piso por un fumadero.&lt;br /&gt;Según recuerdo, las limpiadoras se llamaban Marie, Bernie y Unna. Cada una se encargaba de un piso, y cada una en sí era un personaje de novela. La mayoría representaba la triste realidad de muchas de las zonas deprimidas de Inglaterra. Todas vivían en los pueblos de alrededor de la universidad y casi todas estaban divorciadas o eran madres solteras y el trabajo de limpiadora más las ayudas del gobierno eran sus únicas fuentes de ingresos. &lt;br /&gt;Todas eran de mediana edad. Marie se tintaba el pelo de color rubio-agua oxigenada, tenía la cara marcada por una gran quemadura en el carrillo derecho. Su voz denotaba ciertos excesos con la ginebra y tenía por costumbre no limpiar el dormitorio si el inquilino se encontraba dentro, lo cual en época de exámenes se agradecía. Marie murió de infarto una noche mientras dormía en el tiempo que estuve allí.&lt;br /&gt;Bernie era mi limpiadora, siempre llevaba más línea de ojos de la cuenta y probablemente era la que más fumaba. Su cuartito donde guardaba los productos de limpieza estaba lleno de fotos de tíos cachas y siempre solía tener la radio a todo volumen en el pasillo mientras limpiaba la cocina. Cada limpiadora tenía una llave maestra que abría todas las habitaciones, y Bernie tenía la manía de abrir el cerrojo y golpear la puerta para comprobar si había alguien dentro. El problema es que nunca daba tiempo a contestar y en más de una vez tuve que hacer el salto del tigre para taparme con la toalla.&lt;br /&gt;Unna parecía totalmente fuera de lugar. Daba la impresión de venir de un espectro social algo más elevado que el resto y era muy amable. Siempre iba bien peinada y daba la impresión de ser una señora en delantal.&lt;br /&gt;Indudablemente, el trabajo de estas tres señoras requería paciencia infinita, y siempre convenía tratarlas con aprecio, pues las ventajas eran mucho mayores que los inconvenientes. Teóricamente estaban obligadas a denunciar si encontraban drogas en las habitaciones, pero en la mayoría de los casos se limitaban a meterlas en un cajón cuando las encontraban. Sin embargo, las limpiadoras estaban allí para limpiar, pero no para recoger, y recuerdo que muchas veces se negaban a limpiar la habitación si estaba desordenada. Por algún extraño motivo, debí de darle pena a Bernie o caerle simpático, pues en más de una ocasión me hizo la cama cuando no tenía por qué hacerla.&lt;br /&gt;Lo cual, curiosamente, me trae a otro asunto digno de mención. &lt;br /&gt;La limpieza de de los cuartos estaba bastante bien. Bernie venía más o menos todos los días entre doce y una de la tarde. Le daba una pasada a la moqueta con la aspiradora, a menos que el cuarto estuviese muy desastrado, en cuyo caso se la daba yo más tarde. Limpiaba el espejo y le daba una pasada al lavabo, la parte más importante de la limpieza, pues generalmente cuando por la noche tenía de ganas de hacer pis, lo hacía en el lavabo en vez de ir hasta el cuarto de baño a mitad del pasillo, pura vagancia, oiga. Aquí quiero hacer un inciso. Admito que es una guarrería eso de hacer pis en el lavabo, pero me consta que es una práctica ampliamente extendida que se transmite de generación en generación. No es mera casualidad que los tres primeros días, cuando todo el mundo se iba a la cama la historia siempre fuese la misma: cada uno se iba a su respectivo dormitorio, se ponía el pijama y entonces empezaba una curiosa procesión de gente en pijama, unos descalzos, otros con chancletas, algunos con zapatillas de estar en casa con forma de pies de dinosaurio, en fila india a sacar número para hacer pipí en uno de los tres retretes del pasillo. En menos de una semana esta sana costumbre se perdió. &lt;br /&gt;Pero me he desviado un poco del tema en el que me quería centrar. Ya he hablado de la cama, las colchas, las sábanas y las mantas, pero no he hablado de cómo las limpiaban. Las sábanas se cambiaban todos los martes por la mañana. El plan a seguir era sencillo, antes de abandonar la habitación para ir a clase, se dejaban las sábanas echas un barullo junto a la puerta en el pasillo, Bernie las recogía y dejaba una en la habitación de recambio. Y no me he equivocado. Dejaba una. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-	Yo: “Bernie, me has dejado sólo una sábana, se te ha olvidado la otra”&lt;br /&gt;-	Bernie (con cara de resignación): “No, no se ma ha olvidado, sólo te toca una cada semana”&lt;br /&gt;-	Yo (con mi cara de gilipollas): “¿Y que hago con una sola?”&lt;br /&gt;-	Bernie (con la voz de quien ha repetido la misma explicación más de mil veces): “Quitas la de abajo, la de arriba la pones abajo y la nueva la pones arriba”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está claro. Bajando la cabeza, aceptando la derrota, me agaché, recogí una de las sábanas y procedí a hacer la cama tal y como me habían instruido. Posteriormente, comentando el suceso con mi vecino de habitación, un Napolitano con una historia bastante extraña tuvo una idea que no me pareció mala: ¿Por qué no cambiarnos las sábanas entre los dos?. La verdad que el arreglo me pareció mucho mejor de lo que me esperaba el resto del año, así que acepté el trato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aclaremos la situación. No nos cambiábamos las sábanas sucias del uno por las del otro. Simplemente, yo le daba mi sábana limpia una semana y el me daba su sábana limpia a la siguiente, de tal manera, cambiábamos el juego completo de una vez cada dos semanas.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110693610633850986?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110693610633850986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110693610633850986&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110693610633850986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110693610633850986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/v-las-limpiadoras.html' title='V. Las Limpiadoras'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110685075345713491</id><published>2005-01-27T18:32:00.000Z</published><updated>2005-01-27T20:06:55.066Z</updated><title type='text'>IV. Hampton</title><content type='html'>Aunque ya he descrito la residencia con cierto detalle, lo cierto es que hay más, mucho más, por contar. Empezando por abajo, estaba el salón. El salón era supuestamente el sitio de reunión y socialización de los estudiantes, pero eso no pasó hasta que entre todos pusimos dinero y alquilamos una televisión grande con vídeo y pudimos ver Los Simpsons. En mi primer año había unos sofás para dos personas bastante viejos, machados de no se sabe qué y mejor no preguntar, aunque el consenso imperante decidió que se trataba de cerveza. Yo no estaba completamente convencido. Cuando volví a la residencia un año más tarde para hacer mi último año, estos sofás dobles habían sido reemplazados por unas sillas nuevas bastante cómodas para mayor disgusto del público en general, que alegaba que eran muy antisociales, y que así no podían sentarse unos al lado de otras y conocerse mejor. Rondaban por el salón unos cojines con el aspecto más piojoso que uno pueda imaginarse, creo que aún no me he recuperado del trauma de ver como las chicas se aferraban a ellos mientras veían la tele. Cuando volví después de un año, los cojines, gracias a Dios, habían desaparecido, así que espero que los hayan quemado y hecho así un favor a la humanidad. El salón era, teóricamente, limpiado diligentemente cada día por las limpiadoras, aunque ese término no debe utilizarse por ser políticamente incorrecto, así que las llamaré asistentes de limpieza, como dictan los cánones. El problema es que las asistentes de limpieza, como todo hijo de vecino, tienen derecho a descansar los fines de semana. En mi vida he visto tanta basura acumularse tan rápidamente. Entre el viernes por la tarde y el domingo por la noche daba lugar a que el salón pareciera un vertedero y aún más, oliese a vertedero.&lt;br /&gt;Un número infinito de latas de cerveza, cartones de pizzas, botellas de alcohol, vasos de plástico, colillas de cigarros, vómitos (no siempre), panchitos, gusanitos, y otras cosas que el pudor me impide nombrar cubrían el suelo y rebosaban de las papeleras. En el tema de los vómitos, las asistentes de limpieza eran muy diligentes. Nunca dejó de sorprenderme que cada vez que apareciese un vómito (sea en el pasillo, ducha o salón) siempre decían lo mismo: “¿Otra vez?”. Nunca lo tocaban, esperaban a que el irresponsable de tamaña afrenta al decoro se identificase, entonces le daban estropajo y jabón y le hacían limpiarlo de la moqueta. La flema británica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que los cuartos de baño dan mucho de que hablar, aunque no se si resultará soez o zafio, pero creo que la verdad ha de ser contada. Había tres retretes por cada 25 personas más o menos, así que las probabilidades de que alguien atascase un retrete después de ingerir la materia pseudo-orgánica que nos daban en los comedores rondaba el 100%. De hecho, creo que la estadística oficial era de un retrete atascado por semana. No voy a entrar en detalles acerca de las causas del atasco, pero eran una fundamentalmente: la habilidad del chaval que vivía en la habitación de al lado de la cocina para cagar ladrillos. Aunque claro, él nunca se identificó voluntariamente, y siempre quedaba la remota posibilidad de condenar a alguien inocente. Con el fin social de acabar con la horrorosa escena de ir con el apretón y encontrarse el suelo del cuarto de baño encharcado por los motivos ya descritos (siempre supimos que fuiste tú Matt) ideamos un plan que no podía fallar: pegaríamos un papel con forma de cuestionario en la parte de dentro de la puerta de los retretes con las secciones de nombre, número de habitación, hora de visita al retrete, ¿has tirado de la cadena?, ¿se ha ido el papel?, ¿se ha ido el zurullo?, y en cuanto alguien escribiese un aspa en la última casilla, el culpable sería identificado. Sin embargo, esta fantástica idea no fue bien acogida por el resto de co-usuarios y finalmente tuvo que ser desechada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sabíamos quién era. Siempre lo supimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las duchas de la residencia también dan de que hablar. La proporción de duchas por habitante seguía siendo de una ducha por cada 8,3 residentes, con el añadido de que una de ellas era un baño. Que la gente utilizaba a tal efecto. Aquí quiero romper una lanza a favor del sexo masculino. Se suele tener la noción (absolutamente falsa, por las razones inapelables que paso a mencionar) de que las chicas son más limpias que los hombres. Mentira, todo mentira, por dos sencillas razones: una, los chicos no tenían pelo largo que atascase y bloquease el desagüe de la ducha y que después nadie se atrevía a tocar (puro asco, simplemente, nada más); y dos, que no tenían la costumbre de afeitarse las piernas y dejar por allí los restos de la operación. Lo cierto es que las duchas llevaban a cabo algo más que la mera tarea de ser útiles para la puesta a punto de la higiene personal. También servían como instrumento de culminación de las fantasías sexuales de alguna gente, y he de decir que algunas de ellas eran bastante fantasiosas. Era en verdad curioso lo que uno se encontraba en la bañera después de que alguna parejita hubiese terminado de hacer lo que no deberían de hacer: huesos de cereza (que romántico), una caja vacía de helado de chocolate (vaya guarrería.) y una infinita variedad de productos de baño que se alejan mucho de lo que una persona normal tiene en su armario. Por otra parte, pero ya en un ámbito de mucha más normalidad y menos divertido, también me encontré en la bañera y en las duchas anillos, pulseras, botes olvidados de jabón y demás cosas por el estilo. Y ni que decir tiene que en la vida me duché después de que la bañera hubiese sido sometida al tal abuso. Las chancletas en los cuartos de baño eran de uso obligado para evitar infecciones. Hombre, yo no se a ciencia cierta las costumbres en la ducha de todos los británicos y extranjeros del resto del mundo con los que tuve que compartir mi ducha durante los dos años que estuve viviendo en residencias, pero se las apañaban para inundar todo el suelo, y con perdón, pero con lo guarros que eran algunos, se echaba de menos una aspersión con zotal de vez en cuando. Como persona perspicaz y avezada que me considero elaboré un plan magistral para evitar sustos desagradables. Cual César hábil estratega, empecé a ducharme inmediatamente después de que las limpiadoras hubiesen acabado de hacer su tarea en el cuarto de baño. Digno de un genio.&lt;br /&gt;Para acabar con el tema de las duchas, simplemente mencionar que en un ambiente como en el que vivíamos, un ambiente muy cerrado y muy íntimo, en el que se sabía todo acerca de todo el mundo, quizá me atrevería a decir más personal que en el de la propia familia, se practicaban las gracias propias y esperadas. Es decir, que no era extraño pasar por el pasillo y ver a un grupo de gente reunida a la salida del cuarto de baño con cámaras de fotos esperando a que el pobre del danés al que le habían cambiado la toalla mientras se duchaba por otra ridículamente pequeña, se atreviese a salir corriendo como nunca antes había hecho en dirección a su cuarto (que apropiadamente había sido cerrado para mayor vergüenza del pobre infeliz). En fin, historias como esta acerca de gente en la ducha se podrían contar muchas, gente que corre por el pasillo cubierta de helado de chocolate, parejas que hacen ruidos extraños en la ducha, gente que se queda encerrada en la ducha, gente que inunda la ducha, gente que rompe la ducha, gente que vomita en la ducha, en fin, diversas y absurdas historias acerca de duchas que no vienen al caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las cocinas es casi mejor no hablar, pero lo voy a hacer por el inmenso placer queme produce hablar de temas escatológicos y guarrindongos, a pesar de que en su mayoría se trata de historias desagradables acerca de productos que se biodegradan en la nevera y cebollas que germinan por tres meses en un armario. Merecen ser contadas.&lt;br /&gt;Las cocinas de la residencia estaban perfectamente equipadas con una nevera y un congelador grande, dos juegos de hornilla, un grill, un horno y un fregadero. También había una mesa grande y varias sillas de plástico más o menos sucias. El mobiliario lo completaban unos armarios destartalados numerados por habitación a los que se les podía poner un candado para proteger las reservas de uno contra ciertos mamíferos de rapiña que indudablemente habitan en todas las residencias. El número de candados en los armarios era directamente proporcional al nivel de latrocinio de productos alimenticios. Yo nunca tuve problemas con los robos, dado que mis costumbres gastronómicas eran consideradas “asquerosas”. Entre las más deleznables de encontraban el empleo de aceite de oliva como aliño de ensaladas, o como condimento para las tostadas con azúcar. Como tampoco habían visto en su vida una cafetera y no sabían como usarla, no me robaban el café ni me manchaban la cafetera. Todo lo que me podían socializar era el azúcar y las latas de tomate frito que yo tenía para hacer espagueti boloñesa, pero como eso valía literalmente tres duros, no me importaba. Yo, la mar de simpático y amable no me cansaba de repetirles: “Si queréis utilizar algo de mi armario estáis bienvenidos”. Nadie lo hacía y yo quedaba como un rey.&lt;br /&gt;Las neveras eran una auténtica guarrería. Y todo era culpa de las chicas, sin ser sexista. Es una explicación que tiene su explicación muy lógica. Y es demostrable empíricamente. Como a las chicas les gusta cocinar y preparar comidas en grupo más que a los chicos, las neveras estaban siempre llenas, y era una pelea meter en la nevera tu recién adquirido paquete de mantequilla. Y claro, cada uno íbamos empujando hacia el fondo de la nevera lo que ya había dentro para poder guardar los productos más reciente, dando lugar a que los paquetes de lechuga se perdiesen, convirtiéndose en agua negra (y es verdad que yo lo he visto), que las fresas tuvieran una capa de moho por encima que todo el mundo que las veía decía: “¿Quién se ha dejado estas fresas con nata por encima? (Mirando más de cerca para coger una) ¡Arrgh!”.&lt;br /&gt;También, y no se por qué extraño motivo, cuando las chicas compraban zumo de naranja, compraban el más barato (esto tiene su explicación), pero como el más barato no tiene tapón de rosca como los modernos y se dedicaban a ponerlo en las bandejas esas que tienen las puertas de nevera por dentro (esto es lo que no entiendo), a cada portazo el zumo de naranja saltaba y ponía todo chorreando. Pero no lo cambiaban no, que va, en vez de ponerlo en algún lugar de la nevera comprimiendo las botellas de leche o algo por el estilo envolvían el cartón en una bolsa de plástico.&lt;br /&gt;¿Y con los chicos esto no pasaba?. Pues no, porque poseíamos una gran virtud, nuestra total inoperancia e inutilidad en temas culinarios. Con tener la nevera llena de cerveza y el congelador de pizzas cada una perfectamente guardada en su correspondiente caja, todo estaba solucionado. Ejemplos de higiene y pulcritud, eso es lo que éramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mayor problema con la cocina era que, durante el fin de semana, iba acumulando basura y manchas hasta que el domingo por la noche era imposible encontrar una esquina de la mesa que estuviese limpia para poder sentarse a comer, un fin de semana tras otro. El problema fundamentalmente residía en el régimen comunista en el que nos encontrábamos. Había un poder central, La Universidad, un ente que se me antojaba casi etéreo, que proporcionaba ciertas facilidades para comer, pero, sabiendo que alguien vendría el lunes a limpiar la porquería que dejábamos detrás, nadie se sentía con al responsabilidad de limpiar lo que manchaba. Aquí quiero excusarme y decir que yo nunca fui un guarro. Que cada vez que me preparaba los espagueti boloñesa, me preocupaba de que al escurrir los espaguetis no se cayesen dentro del fregadero atascándolo (las veces que eso pasaba al mes) y de que la salsa de tomate no salpicase la mesa cuando sorbía los espaguetis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era raro entrar un lunes por la mañana en la cocina y notar que el coeficiente de rozamiento con el suelo se había multiplicado por varios cientos de veces por la cantidad de sustancias vertidos sobre la superficie. Y aún había algún loco que andaba descalzo…&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110685075345713491?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110685075345713491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110685075345713491&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110685075345713491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110685075345713491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/iv-hampton.html' title='IV. Hampton'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110677537663921766</id><published>2005-01-26T21:34:00.000Z</published><updated>2005-01-27T18:26:46.700Z</updated><title type='text'>III. Bienvenidos</title><content type='html'>Después de la cena, bajé por primera vez al salón, o "cuarto comunitario", donde se nos había citado para una especie de reunión de bienvenida organizada por el tutor de la residencia. Este tutor era un tipo bastante curioso. Era un neoyorquino que por algún motivo había aterrizado por estas tierras. A pesar de ser joven, tenía una tripa algo prominente y andaba con la espalda echada hacia atrás, barriga hacia delante, los pies abiertos en ángulo obtuso y brazos a los lados con las palmas también hacia delante. La verdad es que es complicado andar así, aunque supongo que le hacía más distinguible en una muchedumbre. Sentados más o menos como pudimos en los sofás, muchos de pie, prestamos atención a las pocas reglas de convivencia de la universidad. Lo curioso del caso es que se asumía que la situación normal era de ruido y gritos por los pasillos y que, a partir de las diez de la noche, por favor, que bajásemos el volumen hasta el mínimo socialmente aceptable. Al parecer, como caso especial, de vez en cuando habría gente que querría levantarse temprano para estudiar, aunque él lo dudaba mucho, y supuestamente, esa gente tenía derecho a una noche de sueño tranquila, así que en deferencia, por favor, lo suplicaba, que hiciésemos un esfuerzo. A mí todo esto me llenaba de espanto. Uno, porque se supone que habíamos venido a estudiar, formarnos como personas para el mañana etcétera etcétera, y aquí había un señor de porte contrahecho dándome a entender que la situación “normal” iba a ser de ruido inaguantable y chillidos femeninos histéricos por los pasillos. Y dos, porque por otra parte, había también varios alumnos en su año final, cuyos exámenes por tanto eran de máxima importancia y también tenían derecho a estudiar con calma.&lt;br /&gt;Todo esto me parecía increíblemente chocante, aunque nadie parecía especialmente intrigado. A mitad del discurso de bienvenida, mi atención se fue concentrando más en puntuar a las chicas de la residencia para la consabida conversación con los colegas más adelante.&lt;br /&gt;Sin conocernos, tuvimos que elegir un representante por cada planta más dos encargados de ir a recoger el correo de la recepción principal y colocarlo en los casilleros de cada uno, nuestro sorprendente tutor de la residencia se marchó a su piso, que estaba formado por cuatro habitaciones en la planta baja de la residencia, mientras el resto nos fuimos separando.&lt;br /&gt;Quizás fuese el hecho de estar lejos de casa, con un dormitorio para mí solo y sin nadie que preguntase quién entraba y quién salía, que empecé a asignarle probabilidades de un encuentro sexual a cada una de las chicas con las que compartía la residencia. Para mi mayor decepción, salí de aquella habitación con la sospecha de que la máxima probabilidad asignada era de un 5%.&lt;br /&gt;Esa misma noche había organizada una pequeña fiesta de bienvenida a cargo del presupuesto asignado por la universidad a este tipo de eventos destinados a promulgar la socialización y el intercambio cultural entre los residentes. Es decir, que había cuatro bolsas de patatas fritas y mucha cerveza. Poco a poco, el alcohol fue haciendo efecto, la cosa fue decayendo hasta acabar con un chico que al parecer ni siquiera vivía en Hampton, bebiendo vino directamente de una de esas botellas de agua caliente que se usan cuando uno está enfermo y le duele la tripa.&lt;br /&gt;Bienvenidos.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110677537663921766?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110677537663921766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110677537663921766&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110677537663921766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110677537663921766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/iii-bienvenidos.html' title='III. Bienvenidos'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110677003342321841</id><published>2005-01-26T20:06:00.000Z</published><updated>2005-01-27T18:22:53.446Z</updated><title type='text'>II. La Llegada</title><content type='html'>Recuerdo mi primera llegada a la universidad de forma bastante difusa y como envuelta en una neblina. Mis tíos me llevaron en coche desde Londres, y que ya en la carretera se veían coches con padres e hijos dirigiéndose en la misma dirección que nosotros y cargados hasta arriba, literalmente, de los enseres necesarios para la supervivencia en las residencias de estudiantes: edredones (algo que no alcanzaba a entender, ya que sábanas y mantas eran proporcionadas por las residencias), cazos, platos, cubiertos, pósters (tremendamente importante), ordenadores y fundamentalmente, ropa.&lt;br /&gt;Mi residencia se llamaba Westwood (o el bosque del oeste) y constaba de ocho edificios que llevaban el nombre de pueblos de alrededor en orden alfabético, así: Bericote, Compton, Dunsmere, Emscote, Gosford, Hampton y Knightcote eran las residencias de estudiantes, Avon era el edificio reservado para administración, Felden era una residencia reservada para visitantes y no había ningún pueblo por alrededor que empezase con i o con jota, así que se las saltaron. El edificio que iba a ser mi casa durante el próximo año era Hampton. Tenía tres plantas y estaba en forma de zeta, el techo era plano y cada cuarto tenía una ventana grande que ocupaba enteramente uno de los laterales pequeños del cuarto. Nada más entrar en la residencia me recibió un olor en principio ligeramente desagradable pero que pronto, a la vuelta de clase en la noche de los días más fríos de invierno se convertiría en sinónimo de bienvenida, un olor acogedor que le recordaba a uno que había vuelo a casa. Era un olor mezcla de sudor, pintura, basura, comidas especiadas y calefacción encendida al máximo desde primera hora de la mañana. A fin de cuentas, era un olor característico, y cada vez que he vuelto a ese lugar después de las vacaciones y la bofetada de olor me recibía y acogía, salvándome del frío intenso del exterior, no podía por menos decir: “He vuelto”. Después de recoger la llave de mi habitación y soltar todos los bártulos en mi cuarto, me di cuenta de por qué algunos estudiantes se traían sus propios edredones. Las sábanas tenían ese color blanco mate que adquieren las sábanas que llevan quince años lavándose con productos de limpieza baratos de alto contenido en lejía. Algunas, incluso, tenían alguna agujero redondo y pequeño, como esos que dejan las colillas de cigarro cuando se caen sobre las sábanas de la cama. Las fundas de las almohadas tenían el mismo aspecto. Las mantas eran verdes, pero no de un verde oscuro o bonito, sino de un verde entre brillante y claro con una W en marrón anaranjado bordada en una de las esquinas. Además, las sábanas no eran enteramente rectangulares, a lo mejor sí que lo eran, pero estas daban la impresión de haber pertenecido a un rollo kilométrico de manta y que alguien las había cortado del rollo matricial a mano con unas tijeras. Por último, las sábanas picaban como un demonio, estaban deshilachadas, y cada semana no era extraño encontrarse un rollito de pelo verde debajo de la cama o al lado de la pata de la mesa. Finalmente, la colcha era de un marrón claro con un diseño de cuadros de color marrón oscuros y anaranjado; también picaba. Las paredes estaban pintadas en azul claro, cubiertas de restos de papel adhesivo perteneciente a sepa usted cuantas generaciones de previos inquilinos. El efecto final del decorado lo aportaban múltiples agujeros de chincheta y algunos manchas de tipo aceitoso de origen desconocido. El diseño de lujo del cuarto lo completaban una silla de plástico, una mesita de noche que parecía sacada de un contenedor de basura, una mesa escritorio cubierta de cortes hechos con un cúter (o, ahora que lo pienso, con un bolígrafo), como si algún estudiante enloquecido hubiese ahogado todas sus frustraciones con la mesa, unas estanterías que se movían, un lavabo, un flexo de color naranja butano con manchas de típex , un armario y dos altillos que se cerraban con candado. También había una especie de sofá que en teoría era para sentarse más cómodo a leer, pero en el 99% de los casos, las cintas que sujetaban el asiento estaban rotas y se hundía, así que la gente lo utilizaba para poner la ropa a secar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante tamaño espectáculo, decidimos dejar todo, y salir de allí mientras mi tía hacía comentarios del tipo: “Hombre, el cuarto es grande”. En la cocina de la planta baja había un caja con bolsitas de té, una caja de terrones de azúcar y vasos de plástico, así que nos hicimos un té, no sé si por hacer gasto o quitarnos la impresión y procedimos a registrarme, ya oficialmente, como alumno de la universidad. Después de una cola moderadamente larga, una foto y un par de firmas después, salí del edificio con una tarjeta que me acreditaba como alumno de la Universidad de Warwick por los próximos tres años. Acto seguido me metí en otra cola de la que un rato y un par de firmas después salí con una tarjeta que me acreditaba como miembro del sindicato de estudiantes, lo cual no parecía ser tan grave, pues el resto de los miles de estudiantes de la universidad lo eran, así que como allá donde fueres haz lo que vieres, me encaminé con mi recién estrenada militancia a ingerir mi primera comida en los comedores de la universidad. No recuerdo muy bien que fue lo que comimos, pero si recuerdo el comentario de mi tía: “No ha estado tan mal, ¿no?”. Después de esta comida comprendí por qué las residencias tenían sus propias cocinas completamente equipadas. Acto seguido cogimos el coche para ir a un supermercado para rellenar mi cuarto de víveres, y visto lo visto, creo que fue lo más sabio que hice en todo el día. O casi. No sé si en plan gracioso o por compasión, mi tío me compró un abastacimiento de baked beans con la intención de que me durasen todo el año, o eso me parecía a mi. Después de dos trimestres contribuyendo al efecto invernadero, la única forma de deshacerme de ellas era cambiarlas, como las raciones K de los ejércitos de las películas, por otras viandas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que mis tíos se fuesen, me dediqué a vaciar mis cosas y a convertir el dormitorio en una extensión más de mi personalidad durante el resto del sábado y principio del domingo.&lt;br /&gt;La mayoría de la gente llegó el domingo, un goteo incesate, y el edificio rebosaba de madres de ojos vidriosos, padres cargados de cajas y jóvenes ansiosos por empezar una nueva vida por primera vez lejos del alcance de sus progenitores. El domingo por la tarde me quedé leyendo en mi cuarto para no molestar por el pasillo a todo el mundo que iba y venía. Por la tarde, a eso de las seis, todo se quedó incómodamente tranquilo. Me asomé y no vi a nadie. Como me pareció que era hora de cenar, (yo para estas cosas de comer me adapto enseguida), fui a la cocina y al entrar me encontré a casi todos los que iban a ser mis nuevos compañeros durante el resto del año sentados en torno a la mesa, cada uno con un bote de Pot Noodles. Los Pot Noodles son unos fideos que vienen en un bote de plástico a los que se les añade agua hirviendo y se comen en el mismo bote. Los hay de distintos sabores y cuestan tres de los antiguos duros. Pues allí que estaban todos, cuando al entrar yo se hizo un silencio sepulcral, convirtiéndome en el foco de atención de todos los allí presentes. “Jai”, dije a modo de saludo, un tanto apocopado. Saqué un cazo que me había comprado y me dispuse a calentar agua para prepararme unos espagueti boloñesa. En lo que me doy la vuelta para secarme las manos y veo como todos me miraban con los ojos abiertos: “Sabes cocinar”, me dijo una chica en un tono entre acusador y sorprendido. O sea, que hervir espaguetis contaba como “cocinar”.&lt;br /&gt;Había llegado.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110677003342321841?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110677003342321841/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110677003342321841&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110677003342321841'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110677003342321841'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/ii-la-llegada.html' title='II. La Llegada'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10419336.post-110676883172011443</id><published>2005-01-26T19:45:00.000Z</published><updated>2005-01-27T18:13:49.056Z</updated><title type='text'>I. Introducción</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mi primer contacto con Inglaterra tuvo lugar en 1993 cuando, en un viaje familiar en el mes de Agosto, pasamos unos días visitando Londres, Oxford, donde vivían unos amigos de mi padre, Stratford Upon Avon, lugar de nacimiento de Shakespeare y cierto pueblecito cercano llamado Warwick.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo los días en Londres con cierto afecto. En seguida me pareció un país muy raro. Tampoco es que hubiese viajado mucho yo por el mundo con 13 años, la verdad. Tan solo había estado en Francia el año anterior, tres días en Eurodisney y otros tres en París, a raíz de los cuales le tomé cierta animadversión a todo lo francófono.&lt;br /&gt;Pero, a fin de cuentas, a mi Francia me pareció un país parecido a España, salvo por el hecho de que se cenaba muy temprano, o al menos eso a mi me parecía.&lt;br /&gt;Por el otro lado, Inglaterra me pareció un país extraño y excitante. He aquí un país en el que no se podía comprar alcohol a determinadas horas del día. He aquí un país en el que me estaba prohibido acompañar a mis padres mientras se tomaban una cerveza en un bar. He aquí un país en el que los bares cerraban incompresiblemente temprano, donde los camareros daban la  oportunidad a sus clientes de pedir una última ronda de cerveza tocando una campana.&lt;br /&gt;Los autobuses tenían dos plantas, todos los supermercados parecían estar regentados por hindúes y los taxis eran todos de color negro y tenían una forma muy rara. Por las calles se apreciaba una gran mezcolanza de culturas y colores, suficiente para ser apreciado por un niño del sur de España.&lt;br /&gt;En Oxford estuvimos en varias casas, una que nos alquilaron y otra que nos prestaron. La primera casa nos la alquiló una amiga de los amigos de mis padres que vivían en Oxford. Recuerdo que estaba divorciada, tenía una niña rubia y otro hijo más mayor y que tenía un novio con aspecto de hippy. También recuerdo que le faltaba una de las paletas superiores, que reapareció después de unos días de estar allí nosotros, y cómo nos la enseñaba con la ilusión de quien se compra su primer traje.&lt;br /&gt;Pues resulta que la casa se la tenía alquilada a un seminarista, a nosotros nos la realquiló sin decírselo al seminarista, y todo fue muy bien hasta que dicho seminarista apareció una noche totalmente por sorpresa ,y cuál fue su sorpresa al verme a mí durmiendo en su cama a pata suelta. En resumen, que el seminarista era seminarista pero conocía sus derechos como inquilino y al día siguiente nos vimos de patitas en la calle sin tener donde dormir. Y por uno de esos que la gente llama azares del destino, o crueles bromas, mis padres decidieron que sería interesante aventurarse un poco más en la Inglaterra profunda y alquilaron una habitación en una granja-bed and breakfast en Stratford Upon Avon, condado de Warwickshire.&lt;br /&gt;Uno de los días que estábamos por la zona de Stratford, fuimos a visitar el castillo de Warwick, uno de los castillos mejores conservados de Inglaterra, para mi mayor delicia. Por aquel entonces, yo me encontraba inmerso en los mundos de fantasía de Tolkien y El Señor de los Anillos. El viaje ya había sido para mi un completo éxito al conseguir convencer al dueño de un pub llamando Eagle and Child en Oxford de que me dejase entrar a ver un placa en su interior conmemorando que en dicho pub se reunían mi alabado Tolkien y Lewis Carroll a vaciar unas pintas después de sus clases en la Universidad. Para mayor satisfacción personal, en el autobús de Oxford a Stratford, pasamos por una pueblecito llamado Wooton, de donde, a mi se me antojó no podía ser de otra manera, Tolkien obtuvo su inspiración para escribir El Herrero de Wooton Mayor. Por tanto, la visita a Warwick me pareció la mejor idea que mis padres tuvieron en todo el viaje.&lt;br /&gt;Y fue allí, en lo alto de la torre del castillo, con un viento frío que nos empujaba contra los muros de piedra donde mi madre, en palabras que resultaron ser proféticas, me preguntó: “¿Y no te gustaría venir a estudiar aquí cuando seas mayor?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como si de una cinta de vídeo se tratase, si rápidamente rebobinásemos hacia delante los siguientes cinco años de mi vida, allí me encontraba yo, el 3 de Octubre de 1998 desempaquetando mis maletas dispuesto a pasar los siguientes tres años de mi vida, que al final fueron cuatro, en la Universidad de Warwick. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10419336-110676883172011443?l=batallitas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://batallitas.blogspot.com/feeds/110676883172011443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10419336&amp;postID=110676883172011443&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110676883172011443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10419336/posts/default/110676883172011443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://batallitas.blogspot.com/2005/01/i-introduccin.html' title='I. Introducción'/><author><name>J.M.S.G.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07826740227209815790</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
